Juan Carlos Díaz Lorenzo

Cuando la conocimos, hasta casi cuarenta años, era la Torre Phillips y después la volvimos a ver como Torre Nescafé, pues tenía una enorme taza de esta marca de café de color rojo en su coronamiento, en un alarde publicitario propio de la época. En la actualidad se la conoce como Torre Phelps y es uno de los rascacielos emblemáticos de finales de la década de los años sesenta en Caracas. Está ubicada en el sector de la Plaza Venezuela, Los Caobos, entre la avenida La Salle y avenida Lima.

Proyecto del arquitecto José Puig, mide 113,50 metros de altura y tiene treinta pisos. Las obras dieron comienzo en 1965 y finalizaron en 1968, en una época de pujanza económica y de grandes oportunidades. El letrero luminoso de la firma holandesa Phillips –de gran arraigo y éxito comercial en Venezuela– dio paso en 2004 a la gran taza de Nescafé, de unas dimensiones considerables: 25 metros de altura y 20 metros de diámetro.

La taza publicitaria pesaba 81,3 toneladas y fue desmontada en 2010 por orden gubernativa, aduciendo incumplimiento de ordenanza sobre propaganda y publicidad comercial debido a sus dimensiones y como medida preventiva caso de seísmo o fuertes vientos cruzados que pudieran provocar su desprendimiento, según fuentes oficiales. Además de la obligación de desmontarla, Nestlé fue multada con 737.039 dólares y el propietario del edificio con otros 95.400 dólares.

La enorme taza de Nescafé fue un extraordinario reclamo publicitario

Hotel Caracas Hilton

marzo 31, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En el solar que hasta la década de los años treinta del siglo XX ocupó la siembra de café de la hacienda Mohedano, se levanta desde 1969 uno de los hoteles emblemáticos de Caracas, al que conocimos en otro tiempo como Caracas Hilton. En 2007, el establecimiento hotelero pasó a manos del Centro Simón Bolívar y desde 2010 está tutelado por el Ministerio de Turismo y forma parte de la red Venetur.

En dicho solar, y antes de que levantara su estructura el edificio hotelero más alto de Venezuela –mide 120 metros y tiene 36 pisos–, en 1944 se levantó el edificio de la primera sede caraqueña de la compañía petrolera Creole. En 1955 pasó a ser la sede de la Seguridad Nacional del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Está situado en lo que se conoce como el centro cultural y financiero de Caracas, entre la avenida México y la avenida Sur 25, en un enclave estratégico con vistas hacia el parque de Los Caobos y el parque nacional El Ávila.

Vista nocturna del antiguo hotel Caracas Hilton desde la piscina

Diez años después, el Centro Simón Bolívar designó al ingeniero Juan Sánchez Carranza para la construcción de un edificio de viviendas de clase media, que no llegó a completarse. En 1966 se remató la obra, aunque entonces cambió la idea original. Caracas necesitaba de un nuevo hotel de categoría, acorde a los tiempos y sobre planos fue conocido como Hotel Gran Caracas.

Un acuerdo para su explotación con la cadena hotelera Hilton posibilitó que abriera sus puertas en 1968 con el nombre de Caracas Hilton. El éxito quedó asegurado de antemano, de suerte que en 1979 se procedió a su ampliación con la denominada Torre Norte, que fue inaugurada en 1989. Tuvimos oportunidad de alojarnos en varias ocasiones y en la última de ellas el establecimiento acusaba una notable decadencia.

La concesión del hotel fue renovada en 2006 por un plazo de cinco años. Sin embargo, tiempo después el gobierno bolivariano rescindió el contrato y expropió el inmueble. En 2007 reabrió sus puertas con el nombre de Hotel Alba Caracas y según fuentes oficiales, dicen que se invirtieron seis mil millones de bolívares en su modernización, adaptándolo a los nuevos tiempos. Sigue siendo un hotel de referencia y aunque le hayan cambiado de nombre, en la memoria colectiva pervive como Caracas Hilton.

Torre La Previsora

febrero 28, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

De nuestro primer viaje a Venezuela recordamos el impacto visual que nos produjo cuando vimos uno de los edificios icónicos de la ciudad de Caracas. Se llama Torre La Previsora, sede de la compañía de seguros del mismo nombre y está situada en el sector de la Plaza Venezuela, que es uno de los enclaves carismáticos de la capital venezolana. Hace algo más de cuarenta años que nos muestra su altiva característica forma piramidal y no sólo es el emblema de la mencionada compañía aseguradora, sino también uno de los ejemplos más distinguidos de la arquitectura contemporánea del país.

Ramón Eduardo Tello B. fundó en marzo de 1914 la sociedad de seguros La Equitativa, que adquirió la cartera de negocio de la Compañía Venezolana de Seguros. Cambiado el nombre a Seguros La Previsora, en 1930 adquirió Seguros Fénix, con lo cual su posicionamiento en el sector alcanzó un nivel muy destacado. El proyecto de la Torre La Previsora tiene sus orígenes recién estrenada la década de los años setenta. Se trataba de un edificio emblemático que fuera la nueva sede de la empresa y, al mismo tiempo, contribuyera a consolidar el pujante desarrollo urbanístico de Caracas. Para acometer su construcción se hizo una emisión de bonos y tanto la obra como el solar donde se asienta costaron 34 millones de bolívares.

La forma piramidal de la Torre La Previsora destaca en el espacio urbano

El edificio Torre La Previsora es un icono de la modernidad de Caracas 

Hubo que superar diversos inconvenientes de tipo técnico, debido al alto nivel freático del terreno y las expropiaciones de inmuebles colindantes. Está situada entre las avenidas Abraham Lincoln y el cruce con Las Acacias, Bolivia y Valparaíso y es perfectamente visible desde varias zonas de Caracas. El contrato fue adjudicado al Consorio Integral Fertec, formado por los ingenieros Álvaro Fernando Zinc y Los Morrison. Después se convocó un concurso que ganaron los arquitectos Francisco Pimentel, Bernardo Borges y Pablo Lasala. El proyecto mereció el Premio Nacional de Arquitectura. En el proyecto original se pensó dotarlo de un restaurante giratorio en la última planta, aunque luego se desistió de ello. Las obras dieron comienzo en 1971 y el edificio fue inaugurado en 1973.

Es un edificio de 117 metros de altura y 24 pisos para uso comercial. Los tres últimos soportan un reloj Patek Phillips & Co., fabricado en Suiza, que daba la hora y la temperatura y cuyos trabajos de instalación, a cargo del equipo de Ignacio Fungairiño, se prolongaron por espacio de ocho meses. Los ascensores y la maquinaria se importaron de Brasil y han trabajo ininterrumpidamente durante algo más de cuatro décadas. Su forma piramidal simboliza el ascenso fruto del buen trabajo y la solidez de una empresa distinguida. Sirvió de referencia en la maniobra de aproximación de los aviones que operaban en el aeropuerto de La Carlota. La Fundación Previsora posee cine y una galería decorada por la fisiocromía de Carlos Cruz-Diez, que introduce al espectador con el comportamiento de los colores.

Fotos: Auxi84

Bibliografía: Cañizalez, Migdalis. La Torre La Previsora costó Bs 34 millones hace 40 años. El Universal, 26 de junio de 2010. 

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En la arquitectura contemporánea de Venezuela destaca el complejo urbanístico Parque Central, en Caracas, formado por un conjunto de edificios en el que destacan dos torres gemelas, que ostentaron hasta 2003 el honroso título de ser los rascacielos más altos de América Latina. En realidad, el complejo es la suma de varios conceptos: comercial, habitacional, recreativo, cultural y financiero. Es un claro reflejo del poderío económico y social de Venezuela en el último tercio del siglo XX.

En 1969, el ingeniero Carlos Delfino, presidente del Centro Simón Bolívar, presentó un proyecto de vanguardia que estaría situado en la confluencia de las avenidas Lecuna y Bolívar, en la urbanización El Conde. El gobierno de Rafael Caldera vio con agrado la propuesta de su promotor y que había desarrollado por los arquitectos Daniel Fernández Shaw y Enrique Siso. En 1970 comenzó la construcción de ocho edificios habitacionales, de 127 metros de altura, 44 pisos y 317 apartamentos cada uno, que fueron icono de la arquitectura de vanguardia en el país.

Las torres del Parque Central son un reflejo del poderío económico de la época

Bonita imagen nocturna, en la que destacan los ocho edificios residenciales 

Las obras avanzaron con notable rapidez, pues estaban terminados en dos años y recibieron los nombres de “Tacagua”, “Caraota”, “Catuche”, “Tajamar”, “San Martín”, “El Tejar”, “Mohedano” y “Anauco”.  En 1973, año de la inauguración oficial, este último fue transformado en el apartotel “Anauco Hilton”, con categoría de cuatro estrellas. La concesión fue recuperada en 2003 y desde entonces funciona administrado como “Anauco Suites”.

El complejo consta, asimismo, de dos torres gemelas, dedicadas a comerciales y oficinas, de 225 metros de altura cada una y 56 pisos. Las obras comenzaron en 1978 y terminaron en 1983. Fueron construidas al mismo tiempo y la diferencia final entre ambas fue de apenas tres meses. Cada torre tiene un peso estimado de unas 250.000 toneladas y cada planta tiene una superficie de 1.400 metros. La estructura está formada por 40 columnas exteriores de hormigón armado, divididas por macrolosas estructurales de 3,40 metros de espesor cada una.

El conjunto arquitectónico del Parque Central es un icono contemporáneo de Venezuela

Las torres imponen su impronta en el paisaje urbano de Caracas 

Sobre cada una de ellas se apoyan segmentos de 14, 12, 12 y 10 pisos respectivamente, construidos en una estructura de acero. Sobre la macrolosa más alta se ubican cuatro pisos de penthouse y un helipuerto. Los accesos a las torres se ubican en los siete primeros niveles; tres sótanos de estacionamiento, dos niveles comerciales (Lecuna y Bolívar) y dos niveles de mezzanina. Cuatro grupos de ascensores permiten el acceso desde las plantas inferiores a cada uno de los grupos de pisos entre macrolosas, sumando en total 26 ascensores incluidos los dos situados entre los pisos 49 y 51. 

En el complejo tienen su sede el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, el Museo de los Niños, el Museo Audiovisual, la Sala Plenaria, ocho salas de conferencias, una escuela de natación, salas de cine, un centro parroquial, un hipermercado y un helipuerto. En las proximidades se encuentra el teatro Teresa Carreño, la Galería de Arte Nacional, la Universidad Experimental de las Artes, el hotel Alba Caracas (ex Caracas Hilton, tras su expropiación) y el parque Los Caobos. 

La Torre Este sufrió un incendio el 17 de octubre de 2004 y destruyó unas diez plantas, donde se ubicaban diversas oficinas gubernamentales, caso del Ministerio del Interior y Justicia, Ministerio de Infraestructura y de la ONIDEX. El fuego comenzó en el piso 34 y puso de manifiesto graves carencias en materia de seguridad y contraincendios y descuidos de mantenimiento. La estructura soportó más de quince horas de fuego sin que llegara a colapsar. Los bomberos de Caracas demostraron una capacidad de trabajo impresionante, pues nunca hasta entonces habían tenido una experiencia similar a tanta altura.

Las torres gemelas rematan el conjunto del Parque Central de Caracas

Las obras de reconstrucción se han alargado excesivamente en el tiempo. Incluyen nueva cristalería, sistemas contra incendios, instalación eléctrica y perfiles de aluminio. El 12 de noviembre de 2013 se produjo otro incendio en el piso 16 de la Torre Oeste, aunque en esta ocasión los daños fueron de menos importancia en relación al ocurrido nueve años antes. En 2006 fue inaugurada la estación Parque Central de la línea 4 del Metro de Caracas. En la actualidad existen doce organismos o empresas nacionales ubicadas en el complejo.

Acorde con la iconografía y la exaltación característica del gobierno bolivariano, a finales de 2012 se instaló en lo alto de la Torre Este una antena de 30 metros de altura que representa la espada a Simón Bolívar. Durante la noche está iluminada con los colores de la bandera nacional (amarillo, azul y rojo) y aunque aumenta su cota a 255 metros, no se tiene en cuenta en lo que es la altura del edificio, que mantiene su medida original reconocida.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

De nuestros viajes a Venezuela y estancias en Maracay recordamos, de manera especial, la Torre Sindoni, que es el edificio más alto de la capital del Estado Aragua y, sin duda, el icono de la arquitectura contemporánea de la ciudad. Fue promovida por el empresario de origen italiano Filippo Sindoni (1931-2006). Un personaje de larga trayectoria y servicio a su país adoptivo, que fue secuestrado el 28 de marzo de 2006 y asesinado en la madrugada siguiente. Un coronel retirado fue detenido como autor material del crimen.

La torre Sindoni mide 125 metros de altura y tiene 32 plantas. Ocupa el puesto número 11 entre los edificios más altos de altos de Venezuela y fue inaugurado en 1999. Tiene un diseño de vanguardia que combina el uso del ladrillo, hormigón armado y cristal. Está situado en la confluencia de las avenidas Miranda y Bolívar, las más importantes de la capital aragüeña. Durante años ha sido el más alto del interior del país y será superado por la Isla Multiespacio (IME), actualmente en construcción en la ciudad de Valencia (Estado Carabobo).

La Torre Sindoni es el icono de la arquitectura de Vanguardia en Maracay

El singular edificio mide 125 metros de altura y tiene 32 pisos

El edificio destaca en la ciudad de Maracay. Al fondo, el lago de Valencia

Filippo Sindoni fundó el Grupo de Empresas Sindoni, formado, entre otras, por el centro comercial Las Américas, en Maracay; Pastas Sindoni C.A., Nucita Venezolana C.A., Molinos Venezolanos C.A., Freites & Sindoni, Inversiones Obelisco, Industrias Metalúrgicas Universal C.A., Vitalim C.A., así como la propiedad del periódico “El Aragüeño” –etapa en la que le conocimos y fuimos corresponsal del mencionado medio informativo en Canarias, a comienzos de la década de los años ochenta–, Televisora Regional TVS y Radio RVS, entre otras.

Sindoni tuvo, además, un relevante papel en actividades de voluntariado social y gremial, como Fundapediatría, que ha contribuido con el mejoramiento de este departamento de medicina infantil en el Hospital Central de Maracay y de la cual fue presidente honorario y Vitalicio. Contribuyó con la Fundación del Niño y la Fundación para la Parálisis Infantil. Fue fundador de la Casa de Italia de Maracay, presidente de la Federación de Centros Ítalo-Venezolanos y miembro del Consejo General de los Italianos en el Exterior.

Fue generosamente reconocido por Venezuela e Italia, con las siguientes condecoraciones: Francisco de Miranda en segunda clase (1981), Orden al Mérito al Trabajo en primera clase (1983) y la Orden Cavaliere del Lavoro, la más alta distinción que otorga el Gobierno italiano, como reconocimiento a su labor como constructor y emprendedor (1998). Llegó a Venezuela en 1949 como emigrante siguiendo los pasos de su padre y centró todos sus esfuerzos en el desarrollo prioritario del Estado Aragua, donde residía. Sus restos mortales descansan en Sicilia (Italia).

 

Poliedro de Caracas

noviembre 18, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La idea del Poliedro de Caracas comenzó a gestarse en la década de los años sesenta y en sus orígenes estaba destinado a reemplazar a Nuevo Circo, como espacio emblemático de la capital venezolana para la celebración de grandes espectáculos. El proyecto tomó forma definitiva en 1971, cuando salió del tablero de los arquitectos Jimmy Alcock –autor del diseño del Parque Central–, Héctor Hermidas y Roberto Andrade.

El diseño corresponde a lo que inicialmente se conoció como Domo Geodésico de La Rinconada, pues su estructura central consiste, precisamente, en una cúpula geodésica formada por 20 triángulos equiláteros de 145 m de diámetro y 38 m sobre el nivel de la pista. La cúpula es una de las creaciones del arquitecto norteamericano Richard Buckminter Fuller (1895-1983), un visionario que ya había experimentado con estructuras similares, aunque de menor entidad.

El 2 de marzo de 1974 el presidente Rafael Caldera Rodríguez presidió el acto de inauguración oficial, en el que intervinieron la Orquesta Sinfónica Venezuela, la Coral Filarmónica de Caracas, acompañando como solistas a Morella Muñoz y Eva María Zuk, al piano, además de la participación de Yolanda Moreno. El estreno se produjo el día 26 del citado mes, con la celebración de un combate del Campeonato Mundial de los Pesos Pesados, en el que participaron George Foreman y el aspirante al título Ken Norton. Desde entonces, el Poliedro de Caracas ha sido escenario de multitud de encuentros deportivos, culturales, comerciales, industriales y políticos, que han consolidado su protagonismo como icono destacado de la capital de Venezuela.

El Poliedro es una de las obras contemporáneas emblemáticas de Venezuela

Está situado en las proximidades del Hipódromo La Rinconada, la estación del metro La Rinconada y la estación del Ferrocarril Caracas “Simón Bolívar” del tren Caracas-Cúa, Posee un aforo máximo de 13.000 personas sentadas y un tope máximo para unas veinte mil. Es uno de los iconos de la Caracas moderna, en consonancia con tras edificaciones surgidas a partir de la década de los años setenta.

En 2013 el emblemático recinto fue remodelado y dotado de nueva tecnología, sistema iluminación y controles de seguridad en las entradas, niveles internos y externos. Ofrece cuatro cafeterías, una sala de prensa con capacidad para 200 personas, tableros y sillas de calidad, pisos en porcelanato en algunas áreas, televisión y una acústica moderna que sirve también para grandes actuaciones musicales.

El recinto también ha sido utilizado en situaciones de emergencias. Después de la tragedia que asoló al Estado Vargas en diciembre de 1999, albergó a 342 familias que posteriormente fueron reubicadas en Zulia, Barinas, Falcón, Táchira, Trujillo y Bolívar. En diciembre de 2000, Hugo Chávez anunció que el Poliedro de Caracas volvería a ser refugio para 276 familias, que permanecieron allí durante trece meses. En ambas ocasiones y concluido el período de contingencia, requirió una importante inversión en reparaciones y remodelaciones.

El Poliedro fue sede en julio de 2012 de la celebración del Preolímpico Mundial de Baloncesto. Gerardo Guarache Ocque[1] recuerda que Michael Jordan jugó aquí cuando participó en los Juegos Panamericanos de 1983, como parte de la selección de EE.UU. que el año siguiente obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos realizados en Los Ángeles.  

El Poliedro ha sido escenario del certamen Miss Venezuela y de las actuaciones de Disney On Ice, Circo Ruso y Cirque du Soleil, a comienzos de 2013. En dos oportunidades fue plaza para corridas de toros; en otras fue vitrina para una exhibición de la gimnasta rumana Nadia Comăneci y escenario para el bailaor Joaquín Cortés (octubre de 1997).

Allí tocaron los Jackson 5 (1977) en la única presentación en directo de Michael Jackson en Venezuela. También cantó Whitney Houston (1994), poco después del estreno de la película  El guardaespaldas. The Police tocó en 1981, el mismo año de la visita de Queen. “Aunque la agrupación liderada por Freddie Mercury tenía cinco fechas programadas, solo pudo cumplir con tres porque fue decretado un duelo nacional por la muerte de Rómulo Betancourt”, precisa Gerardo Guarache.

“Muchos recuerdan la cita con Héctor Lavoe el 17 de abril de 1983. El Trabuco Venezolano y Oscar D’León habían calentado el ambiente, pero el ídolo se había quedado en el hotel y llegó al lugar pasada la medianoche. Cuando ya el público comenzaba a lanzar botellas al escenario, salió pulcro y sonriente, cantando “Periódico de ayer”. Entonces la rabia se convirtió en deleite, como si se tratara de un milagro cristiano”, agrega.

La lista es extensa y variopinta. Peter Frampton (1980), Paco de Lucía y Chick Corea (1982), Van Halen y David Lee Roth (1983), Ilan Chester y Yordano (1986), Franco de Vita (1991), Salserín (1996), Juan Luis Guerra, Luciano Pavarotti, Shakira, Hombres G, Jamiroquai, Menudo, Enmanuel, Mecano, Luis Miguel, Alanis Morissette y Marc Anthony. Además de Gloria Estefan y Iron Maiden (1992), Peter Gabriel (1993), Metallica (1999) y los de Nine Inch Nails y Kylie Minogue (2008), Charly García, Fito Páez y la banda venezolana Sentimiento Muerto (1990) y Soda Stereo (1991, 1993 y 1995).

Nota: 

[1] El Nacional, 1 de marzo de 2014.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A mediados de la década de los años cincuenta, en pleno apogeo del gobierno de Marcos Pérez Jiménez, la Compañía Anónima Venezolana de Navegación (CAVN) recibió un impulso considerable con la incorporación de nuevos buques, de modo que, abanderados en el país, representaran el esfuerzo de poseer una marina mercante propia capaz de atender una parte importante de las necesidades de exportación e importación del tráfico mercante nacional.

Uno de aquellos barcos recibió el nombre de “Anzóategui”. Construcción número 730 del astillero Vuijk & Zonen (Holanda), fue botado el 2 de junio de 1955 y entró en servicio a finales de dicho año. Era un clásico “tres islas” compartimentado en cinco bodegas, cuatro de ellas para carga seca con una cubicación de 7.977 metros cúbicos y una frigorífica, con capacidad para 429 metros cúbicos, asistidas por una pluma de 40 toneladas de potencia de izada a proa, una pluma de 25 toneladas a popa, ocho puntales de cinco toneladas y cuatro puntales de tres toneladas, respectivamente.

Estampa marinera del buque “Anzoátegui”

De 3.127 toneladas brutas, 2.900 toneladas netas y 5.102 toneladas de peso muerto, medía 116,71 m de eslora total, 15,90 m de manga, 9,45 m de puntal y 6,20 m de calado. Disponía de alojamiento para 35 tripulantes y 12 pasajeros en camarotes dobles y estaba propulsado por dos motores diesel Nordberg, con una potencia de 4.200 caballos acoplados a una reductora y accionaba un eje y una hélice de paso fijo, que le permitía mantener una velocidad de 14,5 nudos. Código IMO 5020548 y señal distintiva YXAG.

Este buque está asociado a la historia contemporánea de Venezuela, pues fue protagonista de  un suceso que tuvo una notable resonancia internacional. Alentado, sin duda, por el éxito mediático que había tenido en enero de 1961 el secuestro del trasatlántico portugués “Santa María” a manos del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL), el 12 de febrero de 1963 un comando de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) e integrado por militantes del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el Movimiento de Izquierda Revolucionado (MIR), protagonizó el secuestro del mercante venezolano “Anzoátegui”.

La complicidad del segundo oficial de cubierta, Wismar Medina Rojas, garantizó el éxito de la operación. El día antes, con el barco atracado en el puerto de La Guaira, subió a bordo las armas en una maleta. El comando estaba formado por ocho hombres al mando de José Rómulo Niño y del que también formaban parte Paúl del Río (alias Máximo Canales), de origen asturiano y autor del secuestro de Alfredo di Stéfano, el 24 de agosto de ese mismo año, en un hotel de Caracas; Federico Fernández Ackermann, Héctor Fleming Mendoza y Carlos Palma.

El comando subió a bordo como un grupo visitantes interesados en conocer el barco y, aprovechando el cambio de guardia, permaneció oculto en un camarote durante nueve horas, con la incertidumbre de que su acción pudiera haber sido delatada o se tratara de una trampa de la Guardia Nacional, pues a otro de los miembros le había sido negado el acceso por ser negro. Eran muy jóvenes, pues sus edades oscilaban entre 26 y 19 años. Los revolucionarios bautizaron la operación con el nombre de “Alberto Rudas Mezones”, un compañero estudiante muerto en una manifestación contra la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba.

Foto del secuestro de Alfredo di Stéfano, en la que aparece junto a Paúl del Río (Máximo Canales)

Pero no sucedió así y cuando llegó el momento, después de que el buque “Anzoátegui” hubiera alcanzado aguas internacionales en viaje a Houston y Nueva Orleáns, los miembros del comando fueron avisados por Wismar Medina Rojas y asaltaron el puente de mando, tomaron el control de la estación de telegrafía y la sala de máquinas. No hubo resistencia por parte de la tripulación, que en ese momento estaba desayunando y se ordenó poner rumbo a Brasil, en tiempos de la presidencia de Joao Goulart. Hasta en esto emularon el secuestro del trasatlántico portugués, pues Galvao decidió que el barco fuera a Brasil, donde Jánio Quadros simpatizaba con la causa de los rebeldes.

El secuestro del buque “Anzoátegui” duró una semana. Durante algo más de 24 horas el barco quedó en absoluto silencio y cuando abrió la radio lo hizo para transmitir informaciones falsas e informar a los medios internacionales de la intención y el alcance de la acción. Desde que se tuvo conocimiento del suceso, el gobierno de Rómulo Betancourt –contra quien iba dirigida la protesta– movilizó a la Armada venezolana y pidió ayuda a la U.S. Navy, pensando que la intención era llevarlo a Santiago de Cuba, pues Radio Habana había dicho que el régimen cubano les daría asilo y el barco sería entregado a Naciones Unidas.

Habían transcurrido cuatro días cuando fue localizado por aviones de la USAF, que le transmitieron por radio o morse la orden de que cambiara de rumbo y se dirigiera a Puerto Rico. Como no hubo respuesta, le lanzaron unas andanadas, pero no consiguieron su propósito. Fueron transcurriendo las horas y con ellas otras tres singladuras, hasta que, aproximándose a las costas de Brasil, el comando ordenó al capitán del buque “Anzoátegui” que procediera al puerto de la ciudad de Belem, situada en el sur del canal de desembocadura del río Amazonas. A su llegada a la isla de Amapá fueron detenidos por las autoridades brasileñas y posteriormente trasladados a Brasilia y Río de Janeiro por vía aérea. El presidente Goulart les concedió asilo político y quedaron en libertad, desoyendo de ese modo la reclamación del Gobierno venezolano, que les había acusado de una acción de piratería.

Y al igual que sucedió con el trasatlántico “Santa María”, la acción del FALN alcanzó el objetivo de propaganda política armada que se había propuesto, pues la cobertura informativa internacional fue notable y el alcance de la acción llegó a quienes entonces estaban inmersos en la lucha revolucionaria, liderada por Fidel Castro, que había visitado Caracas el 23 de enero de 1959, un año después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. En los círculos oficiales venezolanos, los autores del secuestro fueron tildados de terroristas comunistas y, al contrario, en los sectores revolucionarios que habían protagonizado en 1962 las asonadas cívico-militares de Puerto Cabello y Carúpano, el asalto del buque “Anzoátegui” había sido un gesto de gran calado.   

El tratamiento que la noticia tuvo en la prensa venezolana, española e internacional es tema lo suficientemente atractivo para un trabajo más profundo. En el periódico ABC, de Madrid, edición del 16 de febrero de 1963, leemos lo siguiente: “Los piratas comunistas que se han adueñado del mercante venezolano Anzoátegui han amenazado con volar el buque si son detenidos por un navío de guerra, según se informa. Una mujer, que pertenece al Ejército de Liberación Nacional –movimiento antigubernamental– hizo esta amenaza por teléfono a las agencias de noticias y a los periódicos de Caracas. Esta mujer es la que anunció el rapto del buque por miembros de este movimiento clandestino venezolano”,

Federico Fernández Ackermann es hijo de Jorge Fernández de Sotomayor, uno de los protagonistas del asalto al trasatlántico “Santa María”. Se dio la circunstancia de que había formado parte del comando del DRIL junto a su padre y la experiencia le había servicio para el asalto del buque “Anzoátegui”. Cuando regresó clandestinamente a Venezuela, fue apresado y privado de libertad entre 1963 y 1969, con estancias en la prisión militar del cuartel San Carlos y la cárcel Modelo. Los restantes miembros también regresaron paulatinamente a través de la frontera con Colombia y continuaron vinculados a la lucha armada que predominó en el país durante la década de los años sesenta, aunque nunca obtuvo un apoyo popular.

Resultado de la colisión entre los buques “Roraima” y “Anzoátegui”

Por lo que se refiere al buque de esta historia, la tripulación también fue detenida y puesta en libertad después de comprobar que no había tenido nada que ver con el secuestro. Parece ser que el oficial radiotelegrafista mostró simpatías con los revolucionarios del FALN, según los testimonios posteriores aportados por éstos. Poco después, el barco regresó a Venezuela y continuó al servicio de la CAVN.

El 27 de enero de 1971 fue abordado en aguas de Galveston (EE.UU.) por el buque de su misma bandera “Roraima”, propiedad de Naviera del Orinoco (Navioca), resultando ambos con averías de consideración.  La proa de éste se empotró literalmente en el costado del primero, entre las bodegas números uno y dos, como se puede apreciar en la foto que acompaña. Reparado y devuelto al servicio, en 1977 fue vendido a Venezolana de Buques C.A. (Venebuques) y rebautizado “Güiria”. A partir de entonces transcurrieron otros diez años y en 1987 fue vendido para desguace.

Fotos: Ventuari (histarmar.com.ar)

Cien años de “Alma llanera”

septiembre 22, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Se han cumplido cien años del estreno de la canción folclórica “Alma llanera”, hilvanada en acordes de joropo, considerada desde entonces como el segundo himno nacional de Venezuela. Letra del escritor Rafael Bolívar Coronado (1884-1924) y música del maestro Pedro Elías Gutiérrez Hart (1870-1954), por entonces director de la Banda Marcial de Caracas, dio título a una zarzuela en un acto que fue estrenada el 19 de septiembre de 1914 en el antiguo Teatro Caracas, conocido también como Coliseo de Veroes. 

Representada por primera vez por la compañía española de Manolo Puértolas, recién llegada a Caracas, la joven protagonista Matilde Rueda, sentada en el patio de su casa frente al camino real recreado en tierras del Estado Apure, toca su guitarra y entona “yo nací en esta ribera del Arauca vibrador”. A partir de entonces su eco se extendió con una fuerza inusitada, de suerte que el autor de la letra, nacido en Villa de Cura y que entonces tenía 30 años de edad, fue premiado por el presidente de la República, general Juan Vicente Gómez, con una beca de estudios en España. 

Rafael Bolívar Coronado (1884-1924)

Pedro Elías Gutiérrez Hart (1870-1954)

“Alma llanera” forma parte del contenido de una zarzuela para un acto y tres cuadros. La prensa caraqueña alabó la obra y en las páginas de “El Universal” podemos leer lo siguiente: “Alma Llanera es escena de la vida en las sabanas venezolanas a las riberas del Arauca y sobre su delicadeza de asunto y abundancia de chistes se hacen halagadores comentarios”. 

La siguiente representación se produjo el 28 de diciembre del citado año, en el citado escenario, en un homenaje al actor venezolano Teófilo Leal. Luego comenzó el recorrido por el interior del país (Valencia, Puerto Cabello, Barquisimeto…) y en 1915, Rafael Bolívar Coronado publicó la primera edición en un libreto de 28 páginas, con una dedicatoria a la tiple Matilde Rueda, “la genial artista que de tan humilde opúsculo ha hecho una llamarada de exaltación y de ensueño”. 

Alma_llanera

Portada del libreto de la zarzuela venezolana “Alma llanera”

En los medios de la época, “Alma llanera” alcanzó un éxito extraordinario y su importancia se ha mantenido y crecido en el tiempo.  La última representación de la zarzuela se produjo el 1 de junio de 1930, cuando ya había fallecido su autor y aconteció en el Teatro Olimpia de Caracas, montada por el grupo de Rafael Guinand. Los autores decidieron independizar la emblemática pieza musical y el 31 de diciembre de 1914, la Banda Marcial de Caracas, bajo la dirección del maestro Pedro Elías Gutiérrez, la interpretó en la retreta de despedida del año. 

Recientemente, en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, “Alma llanera” ha sido declarada Bien de Interés Cultural, por tratarse de una de las piezas más importantes y emblemáticas de la música venezolana y valorada por el pueblo venezolano como himno popular. Destaca su amplia difusión, pues ha trascendido las fronteras nacionales y ha sido interpretado en multitud de actos y fiestas por artistas, orquestas y grupos musicales.  Ha servido, además, como elemento de inspiración para la realización de obras literarias, documentales, exposiciones, certámenes y eventos culturales que trascienden la ejecución, interpretación y adaptación musical.

La letra original dice así:

Yo nací en esta ribera
del Arauca vibrador,
soy hermano de la espuma,
de las garzas, de las rosas,
soy hermano de la espuma,
de las garzas, de las rosas
y del sol, y del sol.

Me arrulló la viva Diana
de la brisa en el palmar,
y por eso tengo el alma
como el alma primorosa,
y por eso tengo el alma
como el alma primorosa
del cristal, del cristal.

Amo, lloro, canto, sueño
con claveles de pasión,
con claveles de pasión.
Amo, lloro, canto, sueño
para ornar las rubias crines
del potro de mi amador.

Yo nací en esta ribera
del Arauca vibrador,
soy hermano de la espuma,
de las garzas, de las rosas
y del sol.

Fotos: Caracas 2000 y Guillermo Ramos Flamerich

Santa Elena de Uairén

agosto 20, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A menos de veinte kilómetros de la frontera con Brasil, en el sureste del Estado Bolívar, se encuentra la ciudad de Santa Elena de Uairén. La población nació en plena sabana, en un paraje dominado por algunos de los espectaculares tepuyes tan característicos del paisaje de la zona, en el hábitat de los indígenas de la etnia pemón. Los tepuyes son unas mesetas extremadamente abruptas, con paredes verticales y cimas casi planas. Los de Roraima, Kukenán, Wadaka, Yuruani y Tramen son los más conocidos, aunque hay más.

Después de noventa años de existencia, Santa Elena de Uairén tiene una población que ronda las treinta mil personas. El enclave se eleva a 907 m sobre el nivel del mar y según la tradición debe su origen a Lucas Fernández Peña, un hacendado con espíritu aventurero nacido en 1894 en Cojedes. Oficialmente figura el 13 de noviembre de 1923 como la fecha de su fundación con el nombre de Santa Elena de Uairén, en honor a la patrona de su primogénita y al río que discurre por la zona.

Panorámica aérea de la ciudad de Santa Elena de Uairén

La ciudad está situada a 900 metros sobre el nivel del mar

En los tiempos de la dictadura de Juan Vicente Gómez estaba latente la amenaza de anexión ante el avance de los colonos ingleses desde la Guayana británica. Fernández Peña asumió el desafío de fundar un enclave que salvaguardara esta parte del sureste del territorio venezolano, situado en la posición 04º 32’ de latitud norte y 61º 06’ de longitud oeste.

En 1931 llegaron los primeros misioneros capuchinos y en 1945 el caserío fue elevado a la categoría de municipio. Tiene una iglesia construida en la década de los años cincuenta, que está a cargo de la orden franciscana. Toda ella está hecha en piedra extraída de canteras de la zona. El eje de la ciudad, un tanto desordenada en su concepción urbanística, está determinado por la Plaza Bolívar.

La Plaza Bolívar determina el eje de la ciudad de Santa Elena de Uairén

Aunque es una ciudad de nueva traza, algunas casas tienen un regusto colonial

Recordamos, especialmente, la figura del fraile leonés Cesáreo de Armellada (1908-1996), a quien conocimos en 1980, en uno de nuestros viajes a Venezuela. La obra de Jesús María García Gómez –que así era su nombre de pila– es notable, pues de su convivencia con la etnia pemón entre 1936 y 1943, estudió su cultura y la dejó escrita en documentos de notable valor, como la primera gramática y el diccionario de la lengua pemón, del que poseemos un ejemplar firmado por su autor. De su talla intelectual hemos de decir que fue miembro de la Sociedad de Estudios Americanistas de París, de la Sociedad Bolivariana de Caracas, director de la revista “Venezuela Misionera”, director del Archivo Arzobispal de Caracas y académico (sillón D) de la Academia Venezolana de la Lengua y correspondiente de la Real Academia Española.

Fachada principal de la iglesia de Santa Elena de Uairén

La arquitectura de la etnia pemón ha inspirado el aeropuerto remozado

A Santa Elena de Uairén se llega por carretera desde El Dorado, después de un recorrido de 350 kilómetros, pero eso es sólo un anticipo de los 615 kilómetros desde Ciudad Guayana y los 1.400 kilómetros que dista de Caracas. Un largo viaje por carretera que ronda unas 18 horas, según la duración de las paradas. También es posible hacerlo por vía aérea. El aeropuerto, reinaugurado el 29 de abril de 2009, tiene rango internacional y es el tercero en importancia del Estado Bolívar. La arquitectura de la instalación es una evocación de las cabañas del hábitat pemón.

Desde 1999 es puerto libre, aunque el proceso se ha desarrollado con gran lentitud, de modo que son pocos los productos exentos de impuestos. Tiene aduana principal, un destacamento militar y una oferta alojativa suficiente. La ciudad posee una notable actividad que gira en torno a la explotación minera y el comercio de oro y diamantes. La proximidad de la Gran Sabana, en la que se encuentra Roraima y Canaima y la ciudad de Paracaima, también conocida como La Línea, en territorio brasileño, ha potenciado el desarrollo turístico de la zona y existe un tránsito constante de personas y vehículos que atraviesan la frontera de ambos países.

Fotos: de varios autores, publicadas en internet

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En las Navidades de 1980 nos encontrábamos disfrutando de una larga estancia en Venezuela y tuvimos la primera oportunidad de conocer la región andina y, en especial, la ciudad de Mérida, que tiene un encanto especial. Fuimos por carretera, desde Maracay, en un viaje de una semana de duración, tan emotiva como entrañable. Después hemos tenido la ocasión de volver por vía aérea, a bordo de un avión ATR-42 de la compañía Santa Bárbara Airlines, en una experiencia igualmente sorprendente. De nuestro primer viaje recordamos el ascenso en el emblemático Teleférico de Mérida, al que hoy dedicamos estas líneas.

Se trata, sin duda, de uno de los sistemas en su clase más conocidos por cuanto se trata del más alto del mundo y el segundo más largo y tiene la particularidad de que une dos factores singulares: gran altura y trayecto largo. Desde la estación base Barinitas (1.577 m) en la ciudad de Mérida hasta el Pico Espejo, en el parque nacional Sierra Nevada, tiene un recorrido de 12,5 kilómetros y en su quinta estación nos sitúa a 4.765 metros de altitud sobre el nivel del mar.

La ciudad de Mérida, al fondo. Es una de las más bellas de Venezuela

El teleférico de Mérida es otro de los iconos del desarrollo de Venezuela en la década de los años cincuenta. El presidente Marcos Pérez Jiménez favoreció el desarrollo del proyecto presentado por el denominado “Club Andino Venezolano”, que empezó a tomar forma a partir de 1955. Al año siguiente ya estaba el plan trazado y en 1957 entró en funcionamiento el teleférico de carga hasta la estación de La Aguada, facilitando notablemente el transporte de materiales para la construcción de los tramos siguientes.

El soporte tecnológico llegó desde Francia, Suiza y Alemania, países con una notable experiencia en este tipo de sistemas. En 1958, el teleférico de Mérida estaba a la mitad y las obras concluyeron en marzo de 1960, dirigidas por el ingeniero francés Maurice Comte. Fue inaugurado en tiempos del presidente Rómulo Betancourt. El coste final, según lo publicado entonces, ascendió a 70 millones de bolívares, algo así como unos 16 millones de dólares de la época.

Las nuevas cabinas entrarán en servicio a finales de este año

Las estaciones del Teleférico de Mérida son las siguientes: Barinitas (1.577 m), La Montaña (2.436 m), La Aguada (3.452 m), Loma Redonda (4.045 m) y Pico Espejo (4.765 m). El Pico Bolívar se eleva a 4.998 m sobre el nivel del mar. En el primer tramo se aprecia el cañón del río Chama y los poblados de Tabay, La Parroquia y Ejido. En el segundo tramo suelen dominar las nieblas hasta alcanzar Pico El Toro (4.756 m). Hacia el norte de aprecia el parque nacional Sierra de la Culata. El tercer tramo discurre en el páramo, en el que hay censadas 86 especies de frailejón, una planta endémica de los Andes venezolanos. Al frente se aprecia el flanco norte del Pico Bolívar y debajo el camino que conduce hasta la aldea de Los Nevados.

En diciembre de 2008, el teleférico de Mérida fue clausurado, después de que una inspección de la empresa austriaca Doppelmayr pusiera al descubierto un deterioro que impedía su continuidad. En 2011 comenzó un plan de modernización estimado finalmente en 568 millones de dólares que finalizará en diciembre de 2014 y a partir de entonces devolverá todo el esplendor que el teleférico tuvo desde sus inicios, con la particularidad de que el Sistema Teleférico de Mérida Mukumbarí será uno de los más modernos del mundo.

Fotos: Jaled Abdelrahim

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