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Juan Carlos Díaz Lorenzo

Aeropuerto de La Carlota

noviembre 30, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El aeropuerto de La Carlota, situado en la zona este del área metropolitana de Caracas, ocupa los terrenos de la antigua hacienda de su mismo nombre, que fuera propiedad de Alfredo Brandt Casanova. Oficialmente ostenta el nombre de Francisco de Miranda, destacado personaje de la historia militar y política de Venezuela. Ocupa una superficie de 103 hectáreas y desde el comienzo de su vida operativa en abril de 1946, coexistió como aeropuerto civil y militar.

Está situado en una zona estratégica y bien comunicada y durante años fue también la sede del Aeroclub Caracas. Por el norte lo bordea la autopista Francisco Fajardo, eje viario singular que cruza de oeste a este la ciudad de Caracas y por el Parque del Este. Cerca está la residencia presidencial “La Casona” y en el oeste está situado el distribuidor conocido como “el ciempiés”. Al este, el distribuidor de Los Ruices y los sectores de Caurimare, Lomas de las Mercedes y la avenida Río de Janeiro.

El aeropuerto de La Carlota está situado en la zona este de Caracas

Desde este aeropuerto huyo del país del presidente Marcos Pérez Jiménez, a bordo de un avión Douglas DC-4 de la Fuerza Aérea Venezolana, conocido con el apodo de “La vaca sagrada”. Sucedió en la madrugada del 23 de enero de 1958, en que, pese a contar con el apoyo de un importante sector de las Fuerzas Armadas, el dirigente militar decidió abandonar el Palacio del Miraflores y tomó el avión que lo conduciría al exilio a la República Dominicana. Al conocerse la noticia del derrocamiento, el pueblo se lanzó a la calle, saqueando las casas de los adeptos al régimen, atacando la sede de la Seguridad Nacional y linchando a algunos funcionarios.

Tuvimos oportunidad de visitar el aeropuerto de La Carlota durante nuestra estancia en diciembre de 1980. Ocasión en la que, a bordo de una avioneta al servicio del ex ministro Leopoldo Sucre Figarella –a quien tuvimos el honor de conocer– volamos hasta un aeropuerto situado en los valles del Tuy, acompañando al piloto tinerfeño Juan Reyes, comandante de la aeronave, amigo de grata memoria y de días felices.

La base aérea de La Carlota ha tenido siempre carácter militar. En 1962 se creó el Destacamento Aéreo Especial La Carlota y en julio de 1966 fue elevado a su actual consideración.  En tiempos del chavismo se han sucedido algunas normas de interés. En 2002 se declaró zona de seguridad militar; en 2005 se cerró al uso público; en 2007, se consideró bien de interés cultural y desde 2014 se mantiene la prohibición de realizar operaciones aeroportuarias, excepto de carácter militar y aeromédicas. Se ha discutido mucho sobre su uso futuro, pero no se ha tomado decisión alguna al respecto.

Hotel Caracas Palace

octubre 31, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El edificio del hotel Caracas Palace es uno de los ejemplos llamativos de la arquitectura contemporánea de Venezuela. Inaugurado en 1998 con el nombre hotel Four Seasons, tiene 32 pisos y una altura de 118 metros, en la que se reparten 212 habitaciones, de ellas 34 suites. Está situado en la esquina sureste de la plaza Altamira, en Chacao, al este del área metropolitana de Caracas.  

Es uno de los iconos de la nueva arquitectura caraqueña. El proyecto corresponde al estudio norteamericano Arquitectonica y la venezolana Vivian Dembo. Excesivo, sin embargo, para el entorno, algunas voces críticas lo califican de adefesio. La plaza Altamira, diseñada por Luis Roche en la década de los años cuarenta del siglo XX y en la que destaca el obelisco –que fue, durante un tiempo, el punto más alto de la ciudad- es un centro de indudable interés urbanístico de la expansión de Caracas.

La volumetría del hotel Caracas Palace destaca en el entorno

Foto: viviandemboarquitectura.com

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A la historia de la Marina Mercante en Venezuela pertenece el buque “Ferrymar III”, que desde noviembre de 1962 y por espacio de algo más de dos décadas estuvo navegando en la línea que une las ciudades de Cumaná y Puerto la Cruz con Porlamar, en la isla de Margarita. Era un ferry de primera generación, de acceso por la popa, que llegó al país de la mano de Ferryboats Margarita C.A., una sociedad ya desaparecida y que formó parte del transporte marítimo nacional.

Lo realmente curioso del caso es la historia de este barco, que nació a la mar durante la Segunda Guerra Mundial. Había sido una fragata de la clase River, numeral K-417, construida para el esfuerzo bélico de la Royal Navy. De 1.370 toneladas standard, montaba dos cañones de 120 mm y seis antiaéreos de 20 mm, así como varios equipos para la lucha antisbmarina. De un total de 151 buques, diez de ellos fueron construidos en Canadá para la U.S. Navy y, según nuestros archivos, durante la guerra enarbolaron las banderas de Francia libre, Australia, Canadá, Sudáfrica y Holanda. Cuatro fueron hundidas por submarinos alemanes y cinco declaradas pérdida total. 

La fragata “HMS Halladale” (K-417), en aguas de Malta

Construcción número 1.226 del astillero A & J Inglis Ltd., en Glasglow (Escocia), fue ordenada el 2 de octubre de 1942. El 25 de junio de 1943 se procedió a la puesta de quilla y el 28 de enero de 1944 resbaló por la grada. El 11 de mayo siguiente enarboló por primera vez la bandera británica bautizado con el nombre de “HMS Halladale” y comenzó su historial militar, siendo su primer comandante el capitán de corbeta Joseph Eric Woolfenden, oficial de la Reserva Naval. A éste tomó el relevo el 1 de octubre de 1945 el teniente de navío John V. Brothers, que permaneció en el mando hasta el 12 de diciembre del citado año.

En 1947 pasó a la flota de reserva y en abril de 1949 fue adquirido por Townsend Brothers Ferries, la compañía de ferries del Canal de la Mancha, que había reiniciado su servicio de la inmediata posguerra. A falta de barcos adecuados echó mano de material militar del “surplus” de guerra y en el astillero Rushbrooke, en Cork (Irlanda) se procedió a la reconversión de la fragata en ferry, aprovechando el casco y la maquinaria.

Reconvertido en ferry del Canal, rebautizado con el nombre de “Halladale”

De la antigua fragata se aprovechó el casco y la maquinaria

Los trabajos se prolongaron por espacio de un año. En su nueva superestructura tenía tres cubiertas para los pasajeros, con camarotes, varios salones, un restaurante y un asador, una cubierta veranda con cómodos sillones, un bar y una tienda.  En abril de 1950 entró de nuevo en servicio rebautizado con el nombre de “Halladale” y se estrenó en la línea Dover-Calais.  Pese a su remozado aspecto mercante, no podía disimular su inmediato pasado bélico y a poco de su puesta en servicio encalló en el puerto base, siendo reparado en el astillero de Cardiff.  El 14 de abril de 1951 colisionó con el mercante alemán “Hans Hoth”, resultando con averías de gravedad, que fueron reparadas en Tilbury.

En noviembre de 1961 pasó a la propiedad de Townsend Car Ferries y en 1962 lo compró el armador Uuno Heinonen y enarboló bandera finlandesa rebautizado con el nuevo nombre de “Norden”. Figuraba como propiedad de la sociedad Laivanisännistöyhtiö W. Rostedt y después de efectuadas unas reparaciones en el astillero de Latokari, en el mes de junio entró en servicio en la línea Turku-Estocolmo. Cubría el viaje en nueve horas y la habilidad del capitán Gunnar Ekström, con una frecuencia de tres viajes semanales.

Rebautizado “Norden”, a poco de su llegada a Turku (Finlandia)

Rebautizado “Turist Expressen”. Obsérvense los añadidos en la superestructura

Poco después, en junio y por cuenta del mismo propietario, cambió de nombre para llamarse “Turist Expressen”. Llevaba dos semanas en servicio cuando el poderoso sindicato Finska Sjömansunionen (Unión de Marinos Finlandeses) impidió la salida del barco, debido a las malas condiciones en que se encontraba la habilitación para los tripulantes, pues entre otras deficiencias el agua se filtraba en los camarotes. Dos centenares de pasajeros esperaron infructuosamente por su viaje en el puerto de Turku, en una situación que fue aireada en la prensa de la región. 

A pesar de los intentos del armador por repararlo, el tráfico cayó en picado ante los reiterados incumplimientos con el pasaje y en otoño la aventura había terminado en fracaso. Las autoridades finlandesas y suecas vigilaron de cerca la actividad de este barco, que dejó de navegar cuando llegó el otoño. En noviembre de 1962 lo compró la mencionada Ferry Boats Margarita C.A. y enarboló pabellón venezolano con el nuevo nombre de “Ferrymar III”, comenzando así una nueva etapa a la que ya nos hemos referido. En 1987, después de una larga etapa de amarre, fue desguazado en Aruba (Antillas Holandesas).

Después de 25 años de servicios en Venezuela, fue desguazado en Aruba

De 1.441 toneladas brutas, 477 toneladas netas y 1.830 toneladas de peso muertos, medía 91,92 m de eslora total -86,52 m de eslora entre perpendiculares-, 11,15 m de manga, 3,29 m de puntal y 5,34 m de calado máximo. Estaba propulsado por cuatro turbinas Parsons, que tomaban vapor de dos calderas tipo Admiralty y podía desarrollar una potencia de 6.500 caballos sobre dos ejes y le permitía mantener una velocidad de 17,5 nudos. Disponía de acomodación para 650 pasajeros y podía transportar 40 coches. La tripulación estaba formada por 35 personas. Código IMO 5114478.

Fotos: warshipsww2.eu, 

Cerro Bolívar

mayo 31, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El 4 de abril de 1947, un grupo de geólogos venezolanos y norteamericanos (Mack Clayton Lake, Folke Kihlstedt, Víctor Paulik, Wilhelm Boeckmann, Earl Nixon y otros)  descubrieron los inmensos yacimientos de hierro ubicados en la Serranía La Parida, a unos 77 kilómetros de Ciudad Bolívar. Uno de los espacios recibió en 1948 el nombre de Cerro Bolívar. Ocupa una superficie de 8.093 hectáreas y tiene una altura máxima de 790 metros sobre el nivel del mar, unos 550 metros sobre la sabana circundante.

Este hito marcó el comienzo de la industria ferrominera al oeste del río Caroní y de la región de Guayana, en la que desde entonces es conocida como “Zona del Hierro”. Está considerado el yacimiento de mena de hierro más importante del siglo XX y la extracción minera propiamente dicha mide 6,4 kilómetros de largo, 1,2 kilómetros de ancho y su espesor máximo comprobado es de 220 metros.

Vista aérea de Cerro Bolívar, importante yacimiento de hierro a cielo abierto

Vista aérea de Cerro Bolívar, importante yacimiento de hierro a cielo abierto

Las reservas se estimaron en 500 millones de toneladas y tiene la ventaja de que es altamente productivo y a cielo abierto. Con el paso de los años, alrededor de los cerros que forman el yacimiento, han nacido dos grandes ciudades, ampliamente equipadas: Ciudad Piar, construida al pie del Cerro Bolívar y Puerto Ordaz, nacida en la unión de los ríos Orinoco y Caroní. El impulso que la actividad ha generado en el desarrollo de la zona es realmente extraordinario. 

La explotación se inició a comienzos de la década de los años cincuenta, en tiempos del gobierno de Pérez Jiménez, a cargo de la compañía Orinoco Mining Co. Se intensificaría en las décadas siguientes, hasta que en 1975 se produjo su nacionalización durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez y nació Ferrominera del Orinoco. La extracción permaneció suspendida entre 1997 y 2009 y desde entonces mantiene su actividad en una concesión otorgada a la compañía suiza Commodities and Minerals.

Hotel Caracas Hilton

marzo 31, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En el solar que hasta la década de los años treinta del siglo XX ocupó la siembra de café de la hacienda Mohedano, se levanta desde 1969 uno de los hoteles emblemáticos de Caracas, al que conocimos en otro tiempo como Caracas Hilton. En 2007, el establecimiento hotelero pasó a manos del Centro Simón Bolívar y desde 2010 está tutelado por el Ministerio de Turismo y forma parte de la red Venetur.

En dicho solar, y antes de que levantara su estructura el edificio hotelero más alto de Venezuela –mide 120 metros y tiene 36 pisos–, en 1944 se levantó el edificio de la primera sede caraqueña de la compañía petrolera Creole. En 1955 pasó a ser la sede de la Seguridad Nacional del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Está situado en lo que se conoce como el centro cultural y financiero de Caracas, entre la avenida México y la avenida Sur 25, en un enclave estratégico con vistas hacia el parque de Los Caobos y el parque nacional El Ávila.

Vista nocturna del antiguo hotel Caracas Hilton desde la piscina

Diez años después, el Centro Simón Bolívar designó al ingeniero Juan Sánchez Carranza para la construcción de un edificio de viviendas de clase media, que no llegó a completarse. En 1966 se remató la obra, aunque entonces cambió la idea original. Caracas necesitaba de un nuevo hotel de categoría, acorde a los tiempos y sobre planos fue conocido como Hotel Gran Caracas.

Un acuerdo para su explotación con la cadena hotelera Hilton posibilitó que abriera sus puertas en 1968 con el nombre de Caracas Hilton. El éxito quedó asegurado de antemano, de suerte que en 1979 se procedió a su ampliación con la denominada Torre Norte, que fue inaugurada en 1989. Tuvimos oportunidad de alojarnos en varias ocasiones y en la última de ellas el establecimiento acusaba una notable decadencia.

La concesión del hotel fue renovada en 2006 por un plazo de cinco años. Sin embargo, tiempo después el gobierno bolivariano rescindió el contrato y expropió el inmueble. En 2007 reabrió sus puertas con el nombre de Hotel Alba Caracas y según fuentes oficiales, dicen que se invirtieron seis mil millones de bolívares en su modernización, adaptándolo a los nuevos tiempos. Sigue siendo un hotel de referencia y aunque le hayan cambiado de nombre, en la memoria colectiva pervive como Caracas Hilton.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En la arquitectura contemporánea de Venezuela destaca el complejo urbanístico Parque Central, en Caracas, formado por un conjunto de edificios en el que destacan dos torres gemelas, que ostentaron hasta 2003 el honroso título de ser los rascacielos más altos de América Latina. En realidad, el complejo es la suma de varios conceptos: comercial, habitacional, recreativo, cultural y financiero. Es un claro reflejo del poderío económico y social de Venezuela en el último tercio del siglo XX.

En 1969, el ingeniero Carlos Delfino, presidente del Centro Simón Bolívar, presentó un proyecto de vanguardia que estaría situado en la confluencia de las avenidas Lecuna y Bolívar, en la urbanización El Conde. El gobierno de Rafael Caldera vio con agrado la propuesta de su promotor y que había desarrollado por los arquitectos Daniel Fernández Shaw y Enrique Siso. En 1970 comenzó la construcción de ocho edificios habitacionales, de 127 metros de altura, 44 pisos y 317 apartamentos cada uno, que fueron icono de la arquitectura de vanguardia en el país.

Las torres del Parque Central son un reflejo del poderío económico de la época

Bonita imagen nocturna, en la que destacan los ocho edificios residenciales 

Las obras avanzaron con notable rapidez, pues estaban terminados en dos años y recibieron los nombres de “Tacagua”, “Caraota”, “Catuche”, “Tajamar”, “San Martín”, “El Tejar”, “Mohedano” y “Anauco”.  En 1973, año de la inauguración oficial, este último fue transformado en el apartotel “Anauco Hilton”, con categoría de cuatro estrellas. La concesión fue recuperada en 2003 y desde entonces funciona administrado como “Anauco Suites”.

El complejo consta, asimismo, de dos torres gemelas, dedicadas a comerciales y oficinas, de 225 metros de altura cada una y 56 pisos. Las obras comenzaron en 1978 y terminaron en 1983. Fueron construidas al mismo tiempo y la diferencia final entre ambas fue de apenas tres meses. Cada torre tiene un peso estimado de unas 250.000 toneladas y cada planta tiene una superficie de 1.400 metros. La estructura está formada por 40 columnas exteriores de hormigón armado, divididas por macrolosas estructurales de 3,40 metros de espesor cada una.

El conjunto arquitectónico del Parque Central es un icono contemporáneo de Venezuela

Las torres imponen su impronta en el paisaje urbano de Caracas 

Sobre cada una de ellas se apoyan segmentos de 14, 12, 12 y 10 pisos respectivamente, construidos en una estructura de acero. Sobre la macrolosa más alta se ubican cuatro pisos de penthouse y un helipuerto. Los accesos a las torres se ubican en los siete primeros niveles; tres sótanos de estacionamiento, dos niveles comerciales (Lecuna y Bolívar) y dos niveles de mezzanina. Cuatro grupos de ascensores permiten el acceso desde las plantas inferiores a cada uno de los grupos de pisos entre macrolosas, sumando en total 26 ascensores incluidos los dos situados entre los pisos 49 y 51. 

En el complejo tienen su sede el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, el Museo de los Niños, el Museo Audiovisual, la Sala Plenaria, ocho salas de conferencias, una escuela de natación, salas de cine, un centro parroquial, un hipermercado y un helipuerto. En las proximidades se encuentra el teatro Teresa Carreño, la Galería de Arte Nacional, la Universidad Experimental de las Artes, el hotel Alba Caracas (ex Caracas Hilton, tras su expropiación) y el parque Los Caobos. 

La Torre Este sufrió un incendio el 17 de octubre de 2004 y destruyó unas diez plantas, donde se ubicaban diversas oficinas gubernamentales, caso del Ministerio del Interior y Justicia, Ministerio de Infraestructura y de la ONIDEX. El fuego comenzó en el piso 34 y puso de manifiesto graves carencias en materia de seguridad y contraincendios y descuidos de mantenimiento. La estructura soportó más de quince horas de fuego sin que llegara a colapsar. Los bomberos de Caracas demostraron una capacidad de trabajo impresionante, pues nunca hasta entonces habían tenido una experiencia similar a tanta altura.

Las torres gemelas rematan el conjunto del Parque Central de Caracas

Las obras de reconstrucción se han alargado excesivamente en el tiempo. Incluyen nueva cristalería, sistemas contra incendios, instalación eléctrica y perfiles de aluminio. El 12 de noviembre de 2013 se produjo otro incendio en el piso 16 de la Torre Oeste, aunque en esta ocasión los daños fueron de menos importancia en relación al ocurrido nueve años antes. En 2006 fue inaugurada la estación Parque Central de la línea 4 del Metro de Caracas. En la actualidad existen doce organismos o empresas nacionales ubicadas en el complejo.

Acorde con la iconografía y la exaltación característica del gobierno bolivariano, a finales de 2012 se instaló en lo alto de la Torre Este una antena de 30 metros de altura que representa la espada a Simón Bolívar. Durante la noche está iluminada con los colores de la bandera nacional (amarillo, azul y rojo) y aunque aumenta su cota a 255 metros, no se tiene en cuenta en lo que es la altura del edificio, que mantiene su medida original reconocida.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

De nuestros viajes a Venezuela y estancias en Maracay recordamos, de manera especial, la Torre Sindoni, que es el edificio más alto de la capital del Estado Aragua y, sin duda, el icono de la arquitectura contemporánea de la ciudad. Fue promovida por el empresario de origen italiano Filippo Sindoni (1931-2006). Un personaje de larga trayectoria y servicio a su país adoptivo, que fue secuestrado el 28 de marzo de 2006 y asesinado en la madrugada siguiente. Un coronel retirado fue detenido como autor material del crimen.

La torre Sindoni mide 125 metros de altura y tiene 32 plantas. Ocupa el puesto número 11 entre los edificios más altos de altos de Venezuela y fue inaugurado en 1999. Tiene un diseño de vanguardia que combina el uso del ladrillo, hormigón armado y cristal. Está situado en la confluencia de las avenidas Miranda y Bolívar, las más importantes de la capital aragüeña. Durante años ha sido el más alto del interior del país y será superado por la Isla Multiespacio (IME), actualmente en construcción en la ciudad de Valencia (Estado Carabobo).

La Torre Sindoni es el icono de la arquitectura de Vanguardia en Maracay

El singular edificio mide 125 metros de altura y tiene 32 pisos

El edificio destaca en la ciudad de Maracay. Al fondo, el lago de Valencia

Filippo Sindoni fundó el Grupo de Empresas Sindoni, formado, entre otras, por el centro comercial Las Américas, en Maracay; Pastas Sindoni C.A., Nucita Venezolana C.A., Molinos Venezolanos C.A., Freites & Sindoni, Inversiones Obelisco, Industrias Metalúrgicas Universal C.A., Vitalim C.A., así como la propiedad del periódico “El Aragüeño” –etapa en la que le conocimos y fuimos corresponsal del mencionado medio informativo en Canarias, a comienzos de la década de los años ochenta–, Televisora Regional TVS y Radio RVS, entre otras.

Sindoni tuvo, además, un relevante papel en actividades de voluntariado social y gremial, como Fundapediatría, que ha contribuido con el mejoramiento de este departamento de medicina infantil en el Hospital Central de Maracay y de la cual fue presidente honorario y Vitalicio. Contribuyó con la Fundación del Niño y la Fundación para la Parálisis Infantil. Fue fundador de la Casa de Italia de Maracay, presidente de la Federación de Centros Ítalo-Venezolanos y miembro del Consejo General de los Italianos en el Exterior.

Fue generosamente reconocido por Venezuela e Italia, con las siguientes condecoraciones: Francisco de Miranda en segunda clase (1981), Orden al Mérito al Trabajo en primera clase (1983) y la Orden Cavaliere del Lavoro, la más alta distinción que otorga el Gobierno italiano, como reconocimiento a su labor como constructor y emprendedor (1998). Llegó a Venezuela en 1949 como emigrante siguiendo los pasos de su padre y centró todos sus esfuerzos en el desarrollo prioritario del Estado Aragua, donde residía. Sus restos mortales descansan en Sicilia (Italia).

 

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A mediados de la década de los años cincuenta, en pleno apogeo del gobierno de Marcos Pérez Jiménez, la Compañía Anónima Venezolana de Navegación (CAVN) recibió un impulso considerable con la incorporación de nuevos buques, de modo que, abanderados en el país, representaran el esfuerzo de poseer una marina mercante propia capaz de atender una parte importante de las necesidades de exportación e importación del tráfico mercante nacional.

Uno de aquellos barcos recibió el nombre de “Anzóategui”. Construcción número 730 del astillero Vuijk & Zonen (Holanda), fue botado el 2 de junio de 1955 y entró en servicio a finales de dicho año. Era un clásico “tres islas” compartimentado en cinco bodegas, cuatro de ellas para carga seca con una cubicación de 7.977 metros cúbicos y una frigorífica, con capacidad para 429 metros cúbicos, asistidas por una pluma de 40 toneladas de potencia de izada a proa, una pluma de 25 toneladas a popa, ocho puntales de cinco toneladas y cuatro puntales de tres toneladas, respectivamente.

Estampa marinera del buque “Anzoátegui”

De 3.127 toneladas brutas, 2.900 toneladas netas y 5.102 toneladas de peso muerto, medía 116,71 m de eslora total, 15,90 m de manga, 9,45 m de puntal y 6,20 m de calado. Disponía de alojamiento para 35 tripulantes y 12 pasajeros en camarotes dobles y estaba propulsado por dos motores diesel Nordberg, con una potencia de 4.200 caballos acoplados a una reductora y accionaba un eje y una hélice de paso fijo, que le permitía mantener una velocidad de 14,5 nudos. Código IMO 5020548 y señal distintiva YXAG.

Este buque está asociado a la historia contemporánea de Venezuela, pues fue protagonista de  un suceso que tuvo una notable resonancia internacional. Alentado, sin duda, por el éxito mediático que había tenido en enero de 1961 el secuestro del trasatlántico portugués “Santa María” a manos del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL), el 12 de febrero de 1963 un comando de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) e integrado por militantes del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el Movimiento de Izquierda Revolucionado (MIR), protagonizó el secuestro del mercante venezolano “Anzoátegui”.

La complicidad del segundo oficial de cubierta, Wismar Medina Rojas, garantizó el éxito de la operación. El día antes, con el barco atracado en el puerto de La Guaira, subió a bordo las armas en una maleta. El comando estaba formado por ocho hombres al mando de José Rómulo Niño y del que también formaban parte Paúl del Río (alias Máximo Canales), de origen asturiano y autor del secuestro de Alfredo di Stéfano, el 24 de agosto de ese mismo año, en un hotel de Caracas; Federico Fernández Ackermann, Héctor Fleming Mendoza y Carlos Palma.

El comando subió a bordo como un grupo visitantes interesados en conocer el barco y, aprovechando el cambio de guardia, permaneció oculto en un camarote durante nueve horas, con la incertidumbre de que su acción pudiera haber sido delatada o se tratara de una trampa de la Guardia Nacional, pues a otro de los miembros le había sido negado el acceso por ser negro. Eran muy jóvenes, pues sus edades oscilaban entre 26 y 19 años. Los revolucionarios bautizaron la operación con el nombre de “Alberto Rudas Mezones”, un compañero estudiante muerto en una manifestación contra la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba.

Foto del secuestro de Alfredo di Stéfano, en la que aparece junto a Paúl del Río (Máximo Canales)

Pero no sucedió así y cuando llegó el momento, después de que el buque “Anzoátegui” hubiera alcanzado aguas internacionales en viaje a Houston y Nueva Orleáns, los miembros del comando fueron avisados por Wismar Medina Rojas y asaltaron el puente de mando, tomaron el control de la estación de telegrafía y la sala de máquinas. No hubo resistencia por parte de la tripulación, que en ese momento estaba desayunando y se ordenó poner rumbo a Brasil, en tiempos de la presidencia de Joao Goulart. Hasta en esto emularon el secuestro del trasatlántico portugués, pues Galvao decidió que el barco fuera a Brasil, donde Jánio Quadros simpatizaba con la causa de los rebeldes.

El secuestro del buque “Anzoátegui” duró una semana. Durante algo más de 24 horas el barco quedó en absoluto silencio y cuando abrió la radio lo hizo para transmitir informaciones falsas e informar a los medios internacionales de la intención y el alcance de la acción. Desde que se tuvo conocimiento del suceso, el gobierno de Rómulo Betancourt –contra quien iba dirigida la protesta– movilizó a la Armada venezolana y pidió ayuda a la U.S. Navy, pensando que la intención era llevarlo a Santiago de Cuba, pues Radio Habana había dicho que el régimen cubano les daría asilo y el barco sería entregado a Naciones Unidas.

Habían transcurrido cuatro días cuando fue localizado por aviones de la USAF, que le transmitieron por radio o morse la orden de que cambiara de rumbo y se dirigiera a Puerto Rico. Como no hubo respuesta, le lanzaron unas andanadas, pero no consiguieron su propósito. Fueron transcurriendo las horas y con ellas otras tres singladuras, hasta que, aproximándose a las costas de Brasil, el comando ordenó al capitán del buque “Anzoátegui” que procediera al puerto de la ciudad de Belem, situada en el sur del canal de desembocadura del río Amazonas. A su llegada a la isla de Amapá fueron detenidos por las autoridades brasileñas y posteriormente trasladados a Brasilia y Río de Janeiro por vía aérea. El presidente Goulart les concedió asilo político y quedaron en libertad, desoyendo de ese modo la reclamación del Gobierno venezolano, que les había acusado de una acción de piratería.

Y al igual que sucedió con el trasatlántico “Santa María”, la acción del FALN alcanzó el objetivo de propaganda política armada que se había propuesto, pues la cobertura informativa internacional fue notable y el alcance de la acción llegó a quienes entonces estaban inmersos en la lucha revolucionaria, liderada por Fidel Castro, que había visitado Caracas el 23 de enero de 1959, un año después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. En los círculos oficiales venezolanos, los autores del secuestro fueron tildados de terroristas comunistas y, al contrario, en los sectores revolucionarios que habían protagonizado en 1962 las asonadas cívico-militares de Puerto Cabello y Carúpano, el asalto del buque “Anzoátegui” había sido un gesto de gran calado.   

El tratamiento que la noticia tuvo en la prensa venezolana, española e internacional es tema lo suficientemente atractivo para un trabajo más profundo. En el periódico ABC, de Madrid, edición del 16 de febrero de 1963, leemos lo siguiente: “Los piratas comunistas que se han adueñado del mercante venezolano Anzoátegui han amenazado con volar el buque si son detenidos por un navío de guerra, según se informa. Una mujer, que pertenece al Ejército de Liberación Nacional –movimiento antigubernamental– hizo esta amenaza por teléfono a las agencias de noticias y a los periódicos de Caracas. Esta mujer es la que anunció el rapto del buque por miembros de este movimiento clandestino venezolano”,

Federico Fernández Ackermann es hijo de Jorge Fernández de Sotomayor, uno de los protagonistas del asalto al trasatlántico “Santa María”. Se dio la circunstancia de que había formado parte del comando del DRIL junto a su padre y la experiencia le había servicio para el asalto del buque “Anzoátegui”. Cuando regresó clandestinamente a Venezuela, fue apresado y privado de libertad entre 1963 y 1969, con estancias en la prisión militar del cuartel San Carlos y la cárcel Modelo. Los restantes miembros también regresaron paulatinamente a través de la frontera con Colombia y continuaron vinculados a la lucha armada que predominó en el país durante la década de los años sesenta, aunque nunca obtuvo un apoyo popular.

Resultado de la colisión entre los buques “Roraima” y “Anzoátegui”

Por lo que se refiere al buque de esta historia, la tripulación también fue detenida y puesta en libertad después de comprobar que no había tenido nada que ver con el secuestro. Parece ser que el oficial radiotelegrafista mostró simpatías con los revolucionarios del FALN, según los testimonios posteriores aportados por éstos. Poco después, el barco regresó a Venezuela y continuó al servicio de la CAVN.

El 27 de enero de 1971 fue abordado en aguas de Galveston (EE.UU.) por el buque de su misma bandera “Roraima”, propiedad de Naviera del Orinoco (Navioca), resultando ambos con averías de consideración.  La proa de éste se empotró literalmente en el costado del primero, entre las bodegas números uno y dos, como se puede apreciar en la foto que acompaña. Reparado y devuelto al servicio, en 1977 fue vendido a Venezolana de Buques C.A. (Venebuques) y rebautizado “Güiria”. A partir de entonces transcurrieron otros diez años y en 1987 fue vendido para desguace.

Fotos: Ventuari (histarmar.com.ar)

Cien años de “Alma llanera”

septiembre 22, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Se han cumplido cien años del estreno de la canción folclórica “Alma llanera”, hilvanada en acordes de joropo, considerada desde entonces como el segundo himno nacional de Venezuela. Letra del escritor Rafael Bolívar Coronado (1884-1924) y música del maestro Pedro Elías Gutiérrez Hart (1870-1954), por entonces director de la Banda Marcial de Caracas, dio título a una zarzuela en un acto que fue estrenada el 19 de septiembre de 1914 en el antiguo Teatro Caracas, conocido también como Coliseo de Veroes. 

Representada por primera vez por la compañía española de Manolo Puértolas, recién llegada a Caracas, la joven protagonista Matilde Rueda, sentada en el patio de su casa frente al camino real recreado en tierras del Estado Apure, toca su guitarra y entona “yo nací en esta ribera del Arauca vibrador”. A partir de entonces su eco se extendió con una fuerza inusitada, de suerte que el autor de la letra, nacido en Villa de Cura y que entonces tenía 30 años de edad, fue premiado por el presidente de la República, general Juan Vicente Gómez, con una beca de estudios en España. 

Rafael Bolívar Coronado (1884-1924)

Pedro Elías Gutiérrez Hart (1870-1954)

“Alma llanera” forma parte del contenido de una zarzuela para un acto y tres cuadros. La prensa caraqueña alabó la obra y en las páginas de “El Universal” podemos leer lo siguiente: “Alma Llanera es escena de la vida en las sabanas venezolanas a las riberas del Arauca y sobre su delicadeza de asunto y abundancia de chistes se hacen halagadores comentarios”. 

La siguiente representación se produjo el 28 de diciembre del citado año, en el citado escenario, en un homenaje al actor venezolano Teófilo Leal. Luego comenzó el recorrido por el interior del país (Valencia, Puerto Cabello, Barquisimeto…) y en 1915, Rafael Bolívar Coronado publicó la primera edición en un libreto de 28 páginas, con una dedicatoria a la tiple Matilde Rueda, “la genial artista que de tan humilde opúsculo ha hecho una llamarada de exaltación y de ensueño”. 

Alma_llanera

Portada del libreto de la zarzuela venezolana “Alma llanera”

En los medios de la época, “Alma llanera” alcanzó un éxito extraordinario y su importancia se ha mantenido y crecido en el tiempo.  La última representación de la zarzuela se produjo el 1 de junio de 1930, cuando ya había fallecido su autor y aconteció en el Teatro Olimpia de Caracas, montada por el grupo de Rafael Guinand. Los autores decidieron independizar la emblemática pieza musical y el 31 de diciembre de 1914, la Banda Marcial de Caracas, bajo la dirección del maestro Pedro Elías Gutiérrez, la interpretó en la retreta de despedida del año. 

Recientemente, en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, “Alma llanera” ha sido declarada Bien de Interés Cultural, por tratarse de una de las piezas más importantes y emblemáticas de la música venezolana y valorada por el pueblo venezolano como himno popular. Destaca su amplia difusión, pues ha trascendido las fronteras nacionales y ha sido interpretado en multitud de actos y fiestas por artistas, orquestas y grupos musicales.  Ha servido, además, como elemento de inspiración para la realización de obras literarias, documentales, exposiciones, certámenes y eventos culturales que trascienden la ejecución, interpretación y adaptación musical.

La letra original dice así:

Yo nací en esta ribera
del Arauca vibrador,
soy hermano de la espuma,
de las garzas, de las rosas,
soy hermano de la espuma,
de las garzas, de las rosas
y del sol, y del sol.

Me arrulló la viva Diana
de la brisa en el palmar,
y por eso tengo el alma
como el alma primorosa,
y por eso tengo el alma
como el alma primorosa
del cristal, del cristal.

Amo, lloro, canto, sueño
con claveles de pasión,
con claveles de pasión.
Amo, lloro, canto, sueño
para ornar las rubias crines
del potro de mi amador.

Yo nací en esta ribera
del Arauca vibrador,
soy hermano de la espuma,
de las garzas, de las rosas
y del sol.

Fotos: Caracas 2000 y Guillermo Ramos Flamerich