Roraima

julio 21, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Los tepuyes son montañas tabulares de la sierra de Paracaima. Forman parte del Escudo guayanés, situado en la esquina sureste del Parque Nacional de Canaima, que abarca una superficie aproximada de unos 30.000 kilómetros cuadrados. Allí se encuentra el tepuy Roraima, que se eleva a 2.810 metros sobre el nivel del mar. Es el más alto de la cordillera de las Tierras Altas de Guayana. En las cimas se aprecian algunas de las formaciones geológicas más antiguas del planeta, datadas en unos dos mil millones de años, en el periodo denominado Precámbrico.

Roraima está rodeado de acantilados que unos cuatrocientos metros de altura en todo su perímetro, que dificultan considerablemente su acceso y ocupa en la cima una superficie de 31 kilómetros cuadrados. Es una formación de arenisca que emerge entre la sabana boscosa, con una altura promedio de 2.500 metros. El punto máximo, conocido como Maverick, está en territorio venezolano. Como si de una tarta se tratara, el 85% pertenece a Venezuela, el 10% a Guyana –aunque parte del territorio está reclamado en la cuestión del Esequibo– y el 5% restante a Brasil.   

Varias cascadas en caída libre desde la cima del tepuy Roraima

Espectacular fotografía del tepuy Roraima emergiendo entre las nubes

La primera descripción que se conoce la realizó en 1596 el explorador inglés sir Walter Raleigh. El origen toponímico no está claro, aunque en lengua de los indios pemones –roro (verde azulado) e ima (gran), aunque dependiendo de la traducción puede significar también fecunda madre de los torrentes– se referían a la montaña como “la madre de todas las aguas”, denominación apropiada pues desde su cima caen numerosas cascadas que fluyen hacia los ríos Orinoco, Esequibo y Amazonas.

Fue el primero de los grandes tepuyes en ser coronado en 1884 por Everard Thurn, que lo consiguió a través de una rampa boscosa similar a una escalera vertical adosada a las paredes. El atractivo del enclave es extraordinario. Hoy es posible subir a la cumbre mediante expediciones organizadas desde Paraitepuy, San Francisco de Yuruaní o Santa Elena de Uairén. Existe una escalera natural en la roca que permite el acceso directo y que lleva un día de camino, más otros cuatro días, dos de ida y dos de regreso. También es posible sobrevolarla en helicóptero e incluso poner el pie en la cima, con base en Santa Elena de Uairén.

Fotos: Rtrevesi y Uwe George (National Geographic)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A la historia de la Marina Mercante en Venezuela pertenece el buque “Ferrymar III”, que desde noviembre de 1962 y por espacio de algo más de dos décadas estuvo navegando en la línea que une las ciudades de Cumaná y Puerto la Cruz con Porlamar, en la isla de Margarita. Era un ferry de primera generación, de acceso por la popa, que llegó al país de la mano de Ferryboats Margarita C.A., una sociedad ya desaparecida y que formó parte del transporte marítimo nacional.

Lo realmente curioso del caso es la historia de este barco, que nació a la mar durante la Segunda Guerra Mundial. Había sido una fragata de la clase River, numeral K-417, construida para el esfuerzo bélico de la Royal Navy. De 1.370 toneladas standard, montaba dos cañones de 120 mm y seis antiaéreos de 20 mm, así como varios equipos para la lucha antisbmarina. De un total de 151 buques, diez de ellos fueron construidos en Canadá para la U.S. Navy y, según nuestros archivos, durante la guerra enarbolaron las banderas de Francia libre, Australia, Canadá, Sudáfrica y Holanda. Cuatro fueron hundidas por submarinos alemanes y cinco declaradas pérdida total. 

La fragata “HMS Halladale” (K-417), en aguas de Malta

Construcción número 1.226 del astillero A & J Inglis Ltd., en Glasglow (Escocia), fue ordenada el 2 de octubre de 1942. El 25 de junio de 1943 se procedió a la puesta de quilla y el 28 de enero de 1944 resbaló por la grada. El 11 de mayo siguiente enarboló por primera vez la bandera británica bautizado con el nombre de “HMS Halladale” y comenzó su historial militar, siendo su primer comandante el capitán de corbeta Joseph Eric Woolfenden, oficial de la Reserva Naval. A éste tomó el relevo el 1 de octubre de 1945 el teniente de navío John V. Brothers, que permaneció en el mando hasta el 12 de diciembre del citado año.

En 1947 pasó a la flota de reserva y en abril de 1949 fue adquirido por Townsend Brothers Ferries, la compañía de ferries del Canal de la Mancha, que había reiniciado su servicio de la inmediata posguerra. A falta de barcos adecuados echó mano de material militar del “surplus” de guerra y en el astillero Rushbrooke, en Cork (Irlanda) se procedió a la reconversión de la fragata en ferry, aprovechando el casco y la maquinaria.

Reconvertido en ferry del Canal, rebautizado con el nombre de “Halladale”

De la antigua fragata se aprovechó el casco y la maquinaria

Los trabajos se prolongaron por espacio de un año. En su nueva superestructura tenía tres cubiertas para los pasajeros, con camarotes, varios salones, un restaurante y un asador, una cubierta veranda con cómodos sillones, un bar y una tienda.  En abril de 1950 entró de nuevo en servicio rebautizado con el nombre de “Halladale” y se estrenó en la línea Dover-Calais.  Pese a su remozado aspecto mercante, no podía disimular su inmediato pasado bélico y a poco de su puesta en servicio encalló en el puerto base, siendo reparado en el astillero de Cardiff.  El 14 de abril de 1951 colisionó con el mercante alemán “Hans Hoth”, resultando con averías de gravedad, que fueron reparadas en Tilbury.

En noviembre de 1961 pasó a la propiedad de Townsend Car Ferries y en 1962 lo compró el armador Uuno Heinonen y enarboló bandera finlandesa rebautizado con el nuevo nombre de “Norden”. Figuraba como propiedad de la sociedad Laivanisännistöyhtiö W. Rostedt y después de efectuadas unas reparaciones en el astillero de Latokari, en el mes de junio entró en servicio en la línea Turku-Estocolmo. Cubría el viaje en nueve horas y la habilidad del capitán Gunnar Ekström, con una frecuencia de tres viajes semanales.

Rebautizado “Norden”, a poco de su llegada a Turku (Finlandia)

Rebautizado “Turist Expressen”. Obsérvense los añadidos en la superestructura

Poco después, en junio y por cuenta del mismo propietario, cambió de nombre para llamarse “Turist Expressen”. Llevaba dos semanas en servicio cuando el poderoso sindicato Finska Sjömansunionen (Unión de Marinos Finlandeses) impidió la salida del barco, debido a las malas condiciones en que se encontraba la habilitación para los tripulantes, pues entre otras deficiencias el agua se filtraba en los camarotes. Dos centenares de pasajeros esperaron infructuosamente por su viaje en el puerto de Turku, en una situación que fue aireada en la prensa de la región. 

A pesar de los intentos del armador por repararlo, el tráfico cayó en picado ante los reiterados incumplimientos con el pasaje y en otoño la aventura había terminado en fracaso. Las autoridades finlandesas y suecas vigilaron de cerca la actividad de este barco, que dejó de navegar cuando llegó el otoño. En noviembre de 1962 lo compró la mencionada Ferry Boats Margarita C.A. y enarboló pabellón venezolano con el nuevo nombre de “Ferrymar III”, comenzando así una nueva etapa a la que ya nos hemos referido. En 1987, después de una larga etapa de amarre, fue desguazado en Aruba (Antillas Holandesas).

Después de 25 años de servicios en Venezuela, fue desguazado en Aruba

De 1.441 toneladas brutas, 477 toneladas netas y 1.830 toneladas de peso muertos, medía 91,92 m de eslora total -86,52 m de eslora entre perpendiculares-, 11,15 m de manga, 3,29 m de puntal y 5,34 m de calado máximo. Estaba propulsado por cuatro turbinas Parsons, que tomaban vapor de dos calderas tipo Admiralty y podía desarrollar una potencia de 6.500 caballos sobre dos ejes y le permitía mantener una velocidad de 17,5 nudos. Disponía de acomodación para 650 pasajeros y podía transportar 40 coches. La tripulación estaba formada por 35 personas. Código IMO 5114478.

Fotos: warshipsww2.eu, 

Cerro Bolívar

mayo 31, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El 4 de abril de 1947, un grupo de geólogos venezolanos y norteamericanos (Mack Clayton Lake, Folke Kihlstedt, Víctor Paulik, Wilhelm Boeckmann, Earl Nixon y otros)  descubrieron los inmensos yacimientos de hierro ubicados en la Serranía La Parida, a unos 77 kilómetros de Ciudad Bolívar. Uno de los espacios recibió en 1948 el nombre de Cerro Bolívar. Ocupa una superficie de 8.093 hectáreas y tiene una altura máxima de 790 metros sobre el nivel del mar, unos 550 metros sobre la sabana circundante.

Este hito marcó el comienzo de la industria ferrominera al oeste del río Caroní y de la región de Guayana, en la que desde entonces es conocida como “Zona del Hierro”. Está considerado el yacimiento de mena de hierro más importante del siglo XX y la extracción minera propiamente dicha mide 6,4 kilómetros de largo, 1,2 kilómetros de ancho y su espesor máximo comprobado es de 220 metros.

Vista aérea de Cerro Bolívar, importante yacimiento de hierro a cielo abierto

Vista aérea de Cerro Bolívar, importante yacimiento de hierro a cielo abierto

Las reservas se estimaron en 500 millones de toneladas y tiene la ventaja de que es altamente productivo y a cielo abierto. Con el paso de los años, alrededor de los cerros que forman el yacimiento, han nacido dos grandes ciudades, ampliamente equipadas: Ciudad Piar, construida al pie del Cerro Bolívar y Puerto Ordaz, nacida en la unión de los ríos Orinoco y Caroní. El impulso que la actividad ha generado en el desarrollo de la zona es realmente extraordinario. 

La explotación se inició a comienzos de la década de los años cincuenta, en tiempos del gobierno de Pérez Jiménez, a cargo de la compañía Orinoco Mining Co. Se intensificaría en las décadas siguientes, hasta que en 1975 se produjo su nacionalización durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez y nació Ferrominera del Orinoco. La extracción permaneció suspendida entre 1997 y 2009 y desde entonces mantiene su actividad en una concesión otorgada a la compañía suiza Commodities and Minerals.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Cuando la conocimos, hasta casi cuarenta años, era la Torre Phillips y después la volvimos a ver como Torre Nescafé, pues tenía una enorme taza de esta marca de café de color rojo en su coronamiento, en un alarde publicitario propio de la época. En la actualidad se la conoce como Torre Phelps y es uno de los rascacielos emblemáticos de finales de la década de los años sesenta en Caracas. Está ubicada en el sector de la Plaza Venezuela, Los Caobos, entre la avenida La Salle y avenida Lima.

Proyecto del arquitecto José Puig, mide 113,50 metros de altura y tiene treinta pisos. Las obras dieron comienzo en 1965 y finalizaron en 1968, en una época de pujanza económica y de grandes oportunidades. El letrero luminoso de la firma holandesa Phillips –de gran arraigo y éxito comercial en Venezuela– dio paso en 2004 a la gran taza de Nescafé, de unas dimensiones considerables: 25 metros de altura y 20 metros de diámetro.

La taza publicitaria pesaba 81,3 toneladas y fue desmontada en 2010 por orden gubernativa, aduciendo incumplimiento de ordenanza sobre propaganda y publicidad comercial debido a sus dimensiones y como medida preventiva caso de seísmo o fuertes vientos cruzados que pudieran provocar su desprendimiento, según fuentes oficiales. Además de la obligación de desmontarla, Nestlé fue multada con 737.039 dólares y el propietario del edificio con otros 95.400 dólares.

La enorme taza de Nescafé fue un extraordinario reclamo publicitario

Hotel Caracas Hilton

marzo 31, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En el solar que hasta la década de los años treinta del siglo XX ocupó la siembra de café de la hacienda Mohedano, se levanta desde 1969 uno de los hoteles emblemáticos de Caracas, al que conocimos en otro tiempo como Caracas Hilton. En 2007, el establecimiento hotelero pasó a manos del Centro Simón Bolívar y desde 2010 está tutelado por el Ministerio de Turismo y forma parte de la red Venetur.

En dicho solar, y antes de que levantara su estructura el edificio hotelero más alto de Venezuela –mide 120 metros y tiene 36 pisos–, en 1944 se levantó el edificio de la primera sede caraqueña de la compañía petrolera Creole. En 1955 pasó a ser la sede de la Seguridad Nacional del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Está situado en lo que se conoce como el centro cultural y financiero de Caracas, entre la avenida México y la avenida Sur 25, en un enclave estratégico con vistas hacia el parque de Los Caobos y el parque nacional El Ávila.

Vista nocturna del antiguo hotel Caracas Hilton desde la piscina

Diez años después, el Centro Simón Bolívar designó al ingeniero Juan Sánchez Carranza para la construcción de un edificio de viviendas de clase media, que no llegó a completarse. En 1966 se remató la obra, aunque entonces cambió la idea original. Caracas necesitaba de un nuevo hotel de categoría, acorde a los tiempos y sobre planos fue conocido como Hotel Gran Caracas.

Un acuerdo para su explotación con la cadena hotelera Hilton posibilitó que abriera sus puertas en 1968 con el nombre de Caracas Hilton. El éxito quedó asegurado de antemano, de suerte que en 1979 se procedió a su ampliación con la denominada Torre Norte, que fue inaugurada en 1989. Tuvimos oportunidad de alojarnos en varias ocasiones y en la última de ellas el establecimiento acusaba una notable decadencia.

La concesión del hotel fue renovada en 2006 por un plazo de cinco años. Sin embargo, tiempo después el gobierno bolivariano rescindió el contrato y expropió el inmueble. En 2007 reabrió sus puertas con el nombre de Hotel Alba Caracas y según fuentes oficiales, dicen que se invirtieron seis mil millones de bolívares en su modernización, adaptándolo a los nuevos tiempos. Sigue siendo un hotel de referencia y aunque le hayan cambiado de nombre, en la memoria colectiva pervive como Caracas Hilton.

Torre La Previsora

febrero 28, 2015

Juan Carlos Díaz Lorenzo

De nuestro primer viaje a Venezuela recordamos el impacto visual que nos produjo cuando vimos uno de los edificios icónicos de la ciudad de Caracas. Se llama Torre La Previsora, sede de la compañía de seguros del mismo nombre y está situada en el sector de la Plaza Venezuela, que es uno de los enclaves carismáticos de la capital venezolana. Hace algo más de cuarenta años que nos muestra su altiva característica forma piramidal y no sólo es el emblema de la mencionada compañía aseguradora, sino también uno de los ejemplos más distinguidos de la arquitectura contemporánea del país.

Ramón Eduardo Tello B. fundó en marzo de 1914 la sociedad de seguros La Equitativa, que adquirió la cartera de negocio de la Compañía Venezolana de Seguros. Cambiado el nombre a Seguros La Previsora, en 1930 adquirió Seguros Fénix, con lo cual su posicionamiento en el sector alcanzó un nivel muy destacado. El proyecto de la Torre La Previsora tiene sus orígenes recién estrenada la década de los años setenta. Se trataba de un edificio emblemático que fuera la nueva sede de la empresa y, al mismo tiempo, contribuyera a consolidar el pujante desarrollo urbanístico de Caracas. Para acometer su construcción se hizo una emisión de bonos y tanto la obra como el solar donde se asienta costaron 34 millones de bolívares.

La forma piramidal de la Torre La Previsora destaca en el espacio urbano

El edificio Torre La Previsora es un icono de la modernidad de Caracas 

Hubo que superar diversos inconvenientes de tipo técnico, debido al alto nivel freático del terreno y las expropiaciones de inmuebles colindantes. Está situada entre las avenidas Abraham Lincoln y el cruce con Las Acacias, Bolivia y Valparaíso y es perfectamente visible desde varias zonas de Caracas. El contrato fue adjudicado al Consorio Integral Fertec, formado por los ingenieros Álvaro Fernando Zinc y Los Morrison. Después se convocó un concurso que ganaron los arquitectos Francisco Pimentel, Bernardo Borges y Pablo Lasala. El proyecto mereció el Premio Nacional de Arquitectura. En el proyecto original se pensó dotarlo de un restaurante giratorio en la última planta, aunque luego se desistió de ello. Las obras dieron comienzo en 1971 y el edificio fue inaugurado en 1973.

Es un edificio de 117 metros de altura y 24 pisos para uso comercial. Los tres últimos soportan un reloj Patek Phillips & Co., fabricado en Suiza, que daba la hora y la temperatura y cuyos trabajos de instalación, a cargo del equipo de Ignacio Fungairiño, se prolongaron por espacio de ocho meses. Los ascensores y la maquinaria se importaron de Brasil y han trabajo ininterrumpidamente durante algo más de cuatro décadas. Su forma piramidal simboliza el ascenso fruto del buen trabajo y la solidez de una empresa distinguida. Sirvió de referencia en la maniobra de aproximación de los aviones que operaban en el aeropuerto de La Carlota. La Fundación Previsora posee cine y una galería decorada por la fisiocromía de Carlos Cruz-Diez, que introduce al espectador con el comportamiento de los colores.

Fotos: Auxi84

Bibliografía: Cañizalez, Migdalis. La Torre La Previsora costó Bs 34 millones hace 40 años. El Universal, 26 de junio de 2010. 

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En la arquitectura contemporánea de Venezuela destaca el complejo urbanístico Parque Central, en Caracas, formado por un conjunto de edificios en el que destacan dos torres gemelas, que ostentaron hasta 2003 el honroso título de ser los rascacielos más altos de América Latina. En realidad, el complejo es la suma de varios conceptos: comercial, habitacional, recreativo, cultural y financiero. Es un claro reflejo del poderío económico y social de Venezuela en el último tercio del siglo XX.

En 1969, el ingeniero Carlos Delfino, presidente del Centro Simón Bolívar, presentó un proyecto de vanguardia que estaría situado en la confluencia de las avenidas Lecuna y Bolívar, en la urbanización El Conde. El gobierno de Rafael Caldera vio con agrado la propuesta de su promotor y que había desarrollado por los arquitectos Daniel Fernández Shaw y Enrique Siso. En 1970 comenzó la construcción de ocho edificios habitacionales, de 127 metros de altura, 44 pisos y 317 apartamentos cada uno, que fueron icono de la arquitectura de vanguardia en el país.

Las torres del Parque Central son un reflejo del poderío económico de la época

Bonita imagen nocturna, en la que destacan los ocho edificios residenciales 

Las obras avanzaron con notable rapidez, pues estaban terminados en dos años y recibieron los nombres de “Tacagua”, “Caraota”, “Catuche”, “Tajamar”, “San Martín”, “El Tejar”, “Mohedano” y “Anauco”.  En 1973, año de la inauguración oficial, este último fue transformado en el apartotel “Anauco Hilton”, con categoría de cuatro estrellas. La concesión fue recuperada en 2003 y desde entonces funciona administrado como “Anauco Suites”.

El complejo consta, asimismo, de dos torres gemelas, dedicadas a comerciales y oficinas, de 225 metros de altura cada una y 56 pisos. Las obras comenzaron en 1978 y terminaron en 1983. Fueron construidas al mismo tiempo y la diferencia final entre ambas fue de apenas tres meses. Cada torre tiene un peso estimado de unas 250.000 toneladas y cada planta tiene una superficie de 1.400 metros. La estructura está formada por 40 columnas exteriores de hormigón armado, divididas por macrolosas estructurales de 3,40 metros de espesor cada una.

El conjunto arquitectónico del Parque Central es un icono contemporáneo de Venezuela

Las torres imponen su impronta en el paisaje urbano de Caracas 

Sobre cada una de ellas se apoyan segmentos de 14, 12, 12 y 10 pisos respectivamente, construidos en una estructura de acero. Sobre la macrolosa más alta se ubican cuatro pisos de penthouse y un helipuerto. Los accesos a las torres se ubican en los siete primeros niveles; tres sótanos de estacionamiento, dos niveles comerciales (Lecuna y Bolívar) y dos niveles de mezzanina. Cuatro grupos de ascensores permiten el acceso desde las plantas inferiores a cada uno de los grupos de pisos entre macrolosas, sumando en total 26 ascensores incluidos los dos situados entre los pisos 49 y 51. 

En el complejo tienen su sede el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, el Museo de los Niños, el Museo Audiovisual, la Sala Plenaria, ocho salas de conferencias, una escuela de natación, salas de cine, un centro parroquial, un hipermercado y un helipuerto. En las proximidades se encuentra el teatro Teresa Carreño, la Galería de Arte Nacional, la Universidad Experimental de las Artes, el hotel Alba Caracas (ex Caracas Hilton, tras su expropiación) y el parque Los Caobos. 

La Torre Este sufrió un incendio el 17 de octubre de 2004 y destruyó unas diez plantas, donde se ubicaban diversas oficinas gubernamentales, caso del Ministerio del Interior y Justicia, Ministerio de Infraestructura y de la ONIDEX. El fuego comenzó en el piso 34 y puso de manifiesto graves carencias en materia de seguridad y contraincendios y descuidos de mantenimiento. La estructura soportó más de quince horas de fuego sin que llegara a colapsar. Los bomberos de Caracas demostraron una capacidad de trabajo impresionante, pues nunca hasta entonces habían tenido una experiencia similar a tanta altura.

Las torres gemelas rematan el conjunto del Parque Central de Caracas

Las obras de reconstrucción se han alargado excesivamente en el tiempo. Incluyen nueva cristalería, sistemas contra incendios, instalación eléctrica y perfiles de aluminio. El 12 de noviembre de 2013 se produjo otro incendio en el piso 16 de la Torre Oeste, aunque en esta ocasión los daños fueron de menos importancia en relación al ocurrido nueve años antes. En 2006 fue inaugurada la estación Parque Central de la línea 4 del Metro de Caracas. En la actualidad existen doce organismos o empresas nacionales ubicadas en el complejo.

Acorde con la iconografía y la exaltación característica del gobierno bolivariano, a finales de 2012 se instaló en lo alto de la Torre Este una antena de 30 metros de altura que representa la espada a Simón Bolívar. Durante la noche está iluminada con los colores de la bandera nacional (amarillo, azul y rojo) y aunque aumenta su cota a 255 metros, no se tiene en cuenta en lo que es la altura del edificio, que mantiene su medida original reconocida.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

De nuestros viajes a Venezuela y estancias en Maracay recordamos, de manera especial, la Torre Sindoni, que es el edificio más alto de la capital del Estado Aragua y, sin duda, el icono de la arquitectura contemporánea de la ciudad. Fue promovida por el empresario de origen italiano Filippo Sindoni (1931-2006). Un personaje de larga trayectoria y servicio a su país adoptivo, que fue secuestrado el 28 de marzo de 2006 y asesinado en la madrugada siguiente. Un coronel retirado fue detenido como autor material del crimen.

La torre Sindoni mide 125 metros de altura y tiene 32 plantas. Ocupa el puesto número 11 entre los edificios más altos de altos de Venezuela y fue inaugurado en 1999. Tiene un diseño de vanguardia que combina el uso del ladrillo, hormigón armado y cristal. Está situado en la confluencia de las avenidas Miranda y Bolívar, las más importantes de la capital aragüeña. Durante años ha sido el más alto del interior del país y será superado por la Isla Multiespacio (IME), actualmente en construcción en la ciudad de Valencia (Estado Carabobo).

La Torre Sindoni es el icono de la arquitectura de Vanguardia en Maracay

El singular edificio mide 125 metros de altura y tiene 32 pisos

El edificio destaca en la ciudad de Maracay. Al fondo, el lago de Valencia

Filippo Sindoni fundó el Grupo de Empresas Sindoni, formado, entre otras, por el centro comercial Las Américas, en Maracay; Pastas Sindoni C.A., Nucita Venezolana C.A., Molinos Venezolanos C.A., Freites & Sindoni, Inversiones Obelisco, Industrias Metalúrgicas Universal C.A., Vitalim C.A., así como la propiedad del periódico “El Aragüeño” –etapa en la que le conocimos y fuimos corresponsal del mencionado medio informativo en Canarias, a comienzos de la década de los años ochenta–, Televisora Regional TVS y Radio RVS, entre otras.

Sindoni tuvo, además, un relevante papel en actividades de voluntariado social y gremial, como Fundapediatría, que ha contribuido con el mejoramiento de este departamento de medicina infantil en el Hospital Central de Maracay y de la cual fue presidente honorario y Vitalicio. Contribuyó con la Fundación del Niño y la Fundación para la Parálisis Infantil. Fue fundador de la Casa de Italia de Maracay, presidente de la Federación de Centros Ítalo-Venezolanos y miembro del Consejo General de los Italianos en el Exterior.

Fue generosamente reconocido por Venezuela e Italia, con las siguientes condecoraciones: Francisco de Miranda en segunda clase (1981), Orden al Mérito al Trabajo en primera clase (1983) y la Orden Cavaliere del Lavoro, la más alta distinción que otorga el Gobierno italiano, como reconocimiento a su labor como constructor y emprendedor (1998). Llegó a Venezuela en 1949 como emigrante siguiendo los pasos de su padre y centró todos sus esfuerzos en el desarrollo prioritario del Estado Aragua, donde residía. Sus restos mortales descansan en Sicilia (Italia).

 

Poliedro de Caracas

noviembre 18, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La idea del Poliedro de Caracas comenzó a gestarse en la década de los años sesenta y en sus orígenes estaba destinado a reemplazar a Nuevo Circo, como espacio emblemático de la capital venezolana para la celebración de grandes espectáculos. El proyecto tomó forma definitiva en 1971, cuando salió del tablero de los arquitectos Jimmy Alcock –autor del diseño del Parque Central–, Héctor Hermidas y Roberto Andrade.

El diseño corresponde a lo que inicialmente se conoció como Domo Geodésico de La Rinconada, pues su estructura central consiste, precisamente, en una cúpula geodésica formada por 20 triángulos equiláteros de 145 m de diámetro y 38 m sobre el nivel de la pista. La cúpula es una de las creaciones del arquitecto norteamericano Richard Buckminter Fuller (1895-1983), un visionario que ya había experimentado con estructuras similares, aunque de menor entidad.

El 2 de marzo de 1974 el presidente Rafael Caldera Rodríguez presidió el acto de inauguración oficial, en el que intervinieron la Orquesta Sinfónica Venezuela, la Coral Filarmónica de Caracas, acompañando como solistas a Morella Muñoz y Eva María Zuk, al piano, además de la participación de Yolanda Moreno. El estreno se produjo el día 26 del citado mes, con la celebración de un combate del Campeonato Mundial de los Pesos Pesados, en el que participaron George Foreman y el aspirante al título Ken Norton. Desde entonces, el Poliedro de Caracas ha sido escenario de multitud de encuentros deportivos, culturales, comerciales, industriales y políticos, que han consolidado su protagonismo como icono destacado de la capital de Venezuela.

El Poliedro es una de las obras contemporáneas emblemáticas de Venezuela

Está situado en las proximidades del Hipódromo La Rinconada, la estación del metro La Rinconada y la estación del Ferrocarril Caracas “Simón Bolívar” del tren Caracas-Cúa, Posee un aforo máximo de 13.000 personas sentadas y un tope máximo para unas veinte mil. Es uno de los iconos de la Caracas moderna, en consonancia con tras edificaciones surgidas a partir de la década de los años setenta.

En 2013 el emblemático recinto fue remodelado y dotado de nueva tecnología, sistema iluminación y controles de seguridad en las entradas, niveles internos y externos. Ofrece cuatro cafeterías, una sala de prensa con capacidad para 200 personas, tableros y sillas de calidad, pisos en porcelanato en algunas áreas, televisión y una acústica moderna que sirve también para grandes actuaciones musicales.

El recinto también ha sido utilizado en situaciones de emergencias. Después de la tragedia que asoló al Estado Vargas en diciembre de 1999, albergó a 342 familias que posteriormente fueron reubicadas en Zulia, Barinas, Falcón, Táchira, Trujillo y Bolívar. En diciembre de 2000, Hugo Chávez anunció que el Poliedro de Caracas volvería a ser refugio para 276 familias, que permanecieron allí durante trece meses. En ambas ocasiones y concluido el período de contingencia, requirió una importante inversión en reparaciones y remodelaciones.

El Poliedro fue sede en julio de 2012 de la celebración del Preolímpico Mundial de Baloncesto. Gerardo Guarache Ocque[1] recuerda que Michael Jordan jugó aquí cuando participó en los Juegos Panamericanos de 1983, como parte de la selección de EE.UU. que el año siguiente obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos realizados en Los Ángeles.  

El Poliedro ha sido escenario del certamen Miss Venezuela y de las actuaciones de Disney On Ice, Circo Ruso y Cirque du Soleil, a comienzos de 2013. En dos oportunidades fue plaza para corridas de toros; en otras fue vitrina para una exhibición de la gimnasta rumana Nadia Comăneci y escenario para el bailaor Joaquín Cortés (octubre de 1997).

Allí tocaron los Jackson 5 (1977) en la única presentación en directo de Michael Jackson en Venezuela. También cantó Whitney Houston (1994), poco después del estreno de la película  El guardaespaldas. The Police tocó en 1981, el mismo año de la visita de Queen. “Aunque la agrupación liderada por Freddie Mercury tenía cinco fechas programadas, solo pudo cumplir con tres porque fue decretado un duelo nacional por la muerte de Rómulo Betancourt”, precisa Gerardo Guarache.

“Muchos recuerdan la cita con Héctor Lavoe el 17 de abril de 1983. El Trabuco Venezolano y Oscar D’León habían calentado el ambiente, pero el ídolo se había quedado en el hotel y llegó al lugar pasada la medianoche. Cuando ya el público comenzaba a lanzar botellas al escenario, salió pulcro y sonriente, cantando “Periódico de ayer”. Entonces la rabia se convirtió en deleite, como si se tratara de un milagro cristiano”, agrega.

La lista es extensa y variopinta. Peter Frampton (1980), Paco de Lucía y Chick Corea (1982), Van Halen y David Lee Roth (1983), Ilan Chester y Yordano (1986), Franco de Vita (1991), Salserín (1996), Juan Luis Guerra, Luciano Pavarotti, Shakira, Hombres G, Jamiroquai, Menudo, Enmanuel, Mecano, Luis Miguel, Alanis Morissette y Marc Anthony. Además de Gloria Estefan y Iron Maiden (1992), Peter Gabriel (1993), Metallica (1999) y los de Nine Inch Nails y Kylie Minogue (2008), Charly García, Fito Páez y la banda venezolana Sentimiento Muerto (1990) y Soda Stereo (1991, 1993 y 1995).

Nota: 

[1] El Nacional, 1 de marzo de 2014.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

A mediados de la década de los años cincuenta, en pleno apogeo del gobierno de Marcos Pérez Jiménez, la Compañía Anónima Venezolana de Navegación (CAVN) recibió un impulso considerable con la incorporación de nuevos buques, de modo que, abanderados en el país, representaran el esfuerzo de poseer una marina mercante propia capaz de atender una parte importante de las necesidades de exportación e importación del tráfico mercante nacional.

Uno de aquellos barcos recibió el nombre de “Anzóategui”. Construcción número 730 del astillero Vuijk & Zonen (Holanda), fue botado el 2 de junio de 1955 y entró en servicio a finales de dicho año. Era un clásico “tres islas” compartimentado en cinco bodegas, cuatro de ellas para carga seca con una cubicación de 7.977 metros cúbicos y una frigorífica, con capacidad para 429 metros cúbicos, asistidas por una pluma de 40 toneladas de potencia de izada a proa, una pluma de 25 toneladas a popa, ocho puntales de cinco toneladas y cuatro puntales de tres toneladas, respectivamente.

Estampa marinera del buque “Anzoátegui”

De 3.127 toneladas brutas, 2.900 toneladas netas y 5.102 toneladas de peso muerto, medía 116,71 m de eslora total, 15,90 m de manga, 9,45 m de puntal y 6,20 m de calado. Disponía de alojamiento para 35 tripulantes y 12 pasajeros en camarotes dobles y estaba propulsado por dos motores diesel Nordberg, con una potencia de 4.200 caballos acoplados a una reductora y accionaba un eje y una hélice de paso fijo, que le permitía mantener una velocidad de 14,5 nudos. Código IMO 5020548 y señal distintiva YXAG.

Este buque está asociado a la historia contemporánea de Venezuela, pues fue protagonista de  un suceso que tuvo una notable resonancia internacional. Alentado, sin duda, por el éxito mediático que había tenido en enero de 1961 el secuestro del trasatlántico portugués “Santa María” a manos del Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL), el 12 de febrero de 1963 un comando de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) e integrado por militantes del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y el Movimiento de Izquierda Revolucionado (MIR), protagonizó el secuestro del mercante venezolano “Anzoátegui”.

La complicidad del segundo oficial de cubierta, Wismar Medina Rojas, garantizó el éxito de la operación. El día antes, con el barco atracado en el puerto de La Guaira, subió a bordo las armas en una maleta. El comando estaba formado por ocho hombres al mando de José Rómulo Niño y del que también formaban parte Paúl del Río (alias Máximo Canales), de origen asturiano y autor del secuestro de Alfredo di Stéfano, el 24 de agosto de ese mismo año, en un hotel de Caracas; Federico Fernández Ackermann, Héctor Fleming Mendoza y Carlos Palma.

El comando subió a bordo como un grupo visitantes interesados en conocer el barco y, aprovechando el cambio de guardia, permaneció oculto en un camarote durante nueve horas, con la incertidumbre de que su acción pudiera haber sido delatada o se tratara de una trampa de la Guardia Nacional, pues a otro de los miembros le había sido negado el acceso por ser negro. Eran muy jóvenes, pues sus edades oscilaban entre 26 y 19 años. Los revolucionarios bautizaron la operación con el nombre de “Alberto Rudas Mezones”, un compañero estudiante muerto en una manifestación contra la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba.

Foto del secuestro de Alfredo di Stéfano, en la que aparece junto a Paúl del Río (Máximo Canales)

Pero no sucedió así y cuando llegó el momento, después de que el buque “Anzoátegui” hubiera alcanzado aguas internacionales en viaje a Houston y Nueva Orleáns, los miembros del comando fueron avisados por Wismar Medina Rojas y asaltaron el puente de mando, tomaron el control de la estación de telegrafía y la sala de máquinas. No hubo resistencia por parte de la tripulación, que en ese momento estaba desayunando y se ordenó poner rumbo a Brasil, en tiempos de la presidencia de Joao Goulart. Hasta en esto emularon el secuestro del trasatlántico portugués, pues Galvao decidió que el barco fuera a Brasil, donde Jánio Quadros simpatizaba con la causa de los rebeldes.

El secuestro del buque “Anzoátegui” duró una semana. Durante algo más de 24 horas el barco quedó en absoluto silencio y cuando abrió la radio lo hizo para transmitir informaciones falsas e informar a los medios internacionales de la intención y el alcance de la acción. Desde que se tuvo conocimiento del suceso, el gobierno de Rómulo Betancourt –contra quien iba dirigida la protesta– movilizó a la Armada venezolana y pidió ayuda a la U.S. Navy, pensando que la intención era llevarlo a Santiago de Cuba, pues Radio Habana había dicho que el régimen cubano les daría asilo y el barco sería entregado a Naciones Unidas.

Habían transcurrido cuatro días cuando fue localizado por aviones de la USAF, que le transmitieron por radio o morse la orden de que cambiara de rumbo y se dirigiera a Puerto Rico. Como no hubo respuesta, le lanzaron unas andanadas, pero no consiguieron su propósito. Fueron transcurriendo las horas y con ellas otras tres singladuras, hasta que, aproximándose a las costas de Brasil, el comando ordenó al capitán del buque “Anzoátegui” que procediera al puerto de la ciudad de Belem, situada en el sur del canal de desembocadura del río Amazonas. A su llegada a la isla de Amapá fueron detenidos por las autoridades brasileñas y posteriormente trasladados a Brasilia y Río de Janeiro por vía aérea. El presidente Goulart les concedió asilo político y quedaron en libertad, desoyendo de ese modo la reclamación del Gobierno venezolano, que les había acusado de una acción de piratería.

Y al igual que sucedió con el trasatlántico “Santa María”, la acción del FALN alcanzó el objetivo de propaganda política armada que se había propuesto, pues la cobertura informativa internacional fue notable y el alcance de la acción llegó a quienes entonces estaban inmersos en la lucha revolucionaria, liderada por Fidel Castro, que había visitado Caracas el 23 de enero de 1959, un año después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. En los círculos oficiales venezolanos, los autores del secuestro fueron tildados de terroristas comunistas y, al contrario, en los sectores revolucionarios que habían protagonizado en 1962 las asonadas cívico-militares de Puerto Cabello y Carúpano, el asalto del buque “Anzoátegui” había sido un gesto de gran calado.   

El tratamiento que la noticia tuvo en la prensa venezolana, española e internacional es tema lo suficientemente atractivo para un trabajo más profundo. En el periódico ABC, de Madrid, edición del 16 de febrero de 1963, leemos lo siguiente: “Los piratas comunistas que se han adueñado del mercante venezolano Anzoátegui han amenazado con volar el buque si son detenidos por un navío de guerra, según se informa. Una mujer, que pertenece al Ejército de Liberación Nacional –movimiento antigubernamental– hizo esta amenaza por teléfono a las agencias de noticias y a los periódicos de Caracas. Esta mujer es la que anunció el rapto del buque por miembros de este movimiento clandestino venezolano”,

Federico Fernández Ackermann es hijo de Jorge Fernández de Sotomayor, uno de los protagonistas del asalto al trasatlántico “Santa María”. Se dio la circunstancia de que había formado parte del comando del DRIL junto a su padre y la experiencia le había servicio para el asalto del buque “Anzoátegui”. Cuando regresó clandestinamente a Venezuela, fue apresado y privado de libertad entre 1963 y 1969, con estancias en la prisión militar del cuartel San Carlos y la cárcel Modelo. Los restantes miembros también regresaron paulatinamente a través de la frontera con Colombia y continuaron vinculados a la lucha armada que predominó en el país durante la década de los años sesenta, aunque nunca obtuvo un apoyo popular.

Resultado de la colisión entre los buques “Roraima” y “Anzoátegui”

Por lo que se refiere al buque de esta historia, la tripulación también fue detenida y puesta en libertad después de comprobar que no había tenido nada que ver con el secuestro. Parece ser que el oficial radiotelegrafista mostró simpatías con los revolucionarios del FALN, según los testimonios posteriores aportados por éstos. Poco después, el barco regresó a Venezuela y continuó al servicio de la CAVN.

El 27 de enero de 1971 fue abordado en aguas de Galveston (EE.UU.) por el buque de su misma bandera “Roraima”, propiedad de Naviera del Orinoco (Navioca), resultando ambos con averías de consideración.  La proa de éste se empotró literalmente en el costado del primero, entre las bodegas números uno y dos, como se puede apreciar en la foto que acompaña. Reparado y devuelto al servicio, en 1977 fue vendido a Venezolana de Buques C.A. (Venebuques) y rebautizado “Güiria”. A partir de entonces transcurrieron otros diez años y en 1987 fue vendido para desguace.

Fotos: Ventuari (histarmar.com.ar)

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