Juan Carlos Díaz Lorenzo

Desde Venezuela nos llega la noticia triste del fallecimiento de Santiago González Abreu, pariente y amigo entrañable, ocurrida el pasado 5 de marzo, unos días antes de la fecha prevista para viajar de nuevo a su querida Tierra del Trigo. Una enfermedad rápida y cruel acabó con su buen quehacer como persona y su talante abierto y cordial, reflejo de su forma de entender la vida.

A Santiago le conocí en octubre de 1977 en Cagua (Venezuela), ciudad de su residencia desde que llegó a Venezuela en 1958 a bordo del trasatlántico Montserrat, siendo un muchacho de 15 años, con sus padres y su hermano Ignacio, dos años mayor que él. Allí conoció años después a mi prima Emma Lorenzo Rodríguez, con quien se casó en 1967 y deja descendencia en sus tres hijos, Elvis, Elizabeth y Juan Carlos y varios nietos.

Su ausencia nos deja un gran hueco y un montón de recuerdos que, puestos a hilvanarlos, resulta tarea casi imposible. Hombre de brega activa y luchador infatigable, aún en situaciones difíciles de las que nunca desmayó, incluso cuando, hace algo más de una década, le asaltó un cáncer que superó satisfactoriamente y siguió adelante como si nada hubiera pasado.

Santiago reunía en su persona una serie de cualidades importantes: tremendamente servicial, extrovertido, generoso, amable y eminentemente familiar. Una parte de su vida en Venezuela la pasó dedicado al transporte de cargas agrícolas desde los Andes, con residencia en San Carlos (Estado Cojedes), mecánico de camiones en la Arrocera Santa Ana, propiedad del industrial fuencalentero Antonio Hernández; repartidor del café La Hacienda, luego en un pequeño abasto y en un supermercado en Cagua que anteriormente había regentado su hermano, y en los últimos años al frente de la empresa Comazúcar C.A., en Maracay, una sociedad que en sus primeros tiempos compartió con su socio Gustavo Hernández. Hacía tiempo que Santiago había dejado el control de la misma en manos de sus hijos, igualmente comprometidos, serios y tan respetuosos con el trabajo como sus padres.

Santiago González Abreu, en su última estancia en Tenerife

Santiago amaba profundamente a Venezuela y a veces lo hacía con la vehemencia innata de quien supo encontrar en el país su porvenir y el de su familia. Y, al mismo tiempo, sentía en lo más hondo a su tierra natal, Tierra del Trigo, paraje rural de encantadora belleza de Los Silos, donde está la casa de sus padres y donde su alma anida para siempre.

Hace unos cuantos años, cuando su hermano Ignacio había regresado a Tenerife, Santiago y Emma compraron un piso en Icod de los Vinos, el sitio más cercano a su querida Tierra del Trigo, a su entorno familiar que le hacía sentirse henchido de generosa humanidad y constituía un reclamo para viajar con frecuencia y reencontrarse con su familia y sus amigos de siempre.

Su inmenso amor por Tierra del Trigo estaba igualmente compartido con Fuencaliente de La Palma, el pueblo natal de su esposa, donde deja también una huella imborrable por su buen y bien hacer. Desde su casa de Las Indias, a mitad de la pendiente, disfrutó muchos atardeceres de simpar belleza en las cálidas tardes veraniegas. Tierra del Trigo y Fuencaliente de La Palma, dos espacios únicos y un mismo tiempo para el reencuentro siempre anhelado y emotivo.

En mis muchos viajes a Venezuela, la casa de Santiago y Emma en Cagua, y la de Nereo y Susa en Maracay, fueron siempre mi hogar más acogedor. Al desgranar el rosario de los recuerdos, y con la emoción de su partida y también la satisfacción inmensa de haberle conocido y compartido con él y los suyos tantos y tan gratos momentos, aquí y allá, se me hace un nudo en la garganta aceptar el cumplimiento inexorable del ciclo vital, y me queda para siempre la memoria fértil de su sonrisa, su cariño, su afecto, su amor incondicional por Tierra del Trigo, a la que amó sin límites; por Fuencaliente de La Palma y por Venezuela, su generosidad y sus manos anchurosamente humanas, reflejo de su gran corazón.

Foto: Juan Carlos Díaz Lorenzo

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Juan Carlos Díaz Lorenzo

El último de los veleros construídos en La Palma fue la goleta Benahoare, propiedad de Armando Yanes Carrillo. Javier Díaz Sicilia, en su libro Al Suroeste, la libertad[1], dice que “aún tengo presente en mi memoria las cuadernas de la Benahoare, cuando de la mano de mi abuelo materno, Manuel Sicilia Duarte, visité el pequeño astillero de Bajamar”.

El aparejo de la embarcación estuvo a cargo de Florencio Pérez y de Esteban Medina. Personajes entrañables de la capital palmera en aquella época, como Guarino, el barbero; Régulo Arocena y el capitán Miguel Sosvilla, entre otros, fueron asiduos acompañantes de los primeros viajes del velero.

Hasta marzo de 1950, la goleta Benahoare -el yate de don Armando, como decía la voz popular- hizo viajes de recreo por el Archipiélago y luego estuvo dedicado al cabotaje hasta que lo vendió para realizar el viaje clandestino a Venezuela.

En la mañana del 19 de abril de 1950, la goleta Benahoare se hizo a la mar desde una pequeña cala próxima al faro de Fuencaliente, en la que embarcaron 150 hombres rumbo a Venezuela. La mandaba un profesional de la Marina Mercante, el patrón de altura Esteban Medina Jiménez, quien tuvo el detalle, entre otros, de informar todos los días a los pasajeros, con una carta náutica en mano, de las millas recorridas y de las que restaban de la travesía, así como de su posición exacta.

Navegando a vela y motor, la goleta Benahoare hizo un promedio de 145 millas diarias para cubrir la distancia entre La Palma y Venezuela en tan sólo 21 días de viaje. Los alimentos y el agua potable embarcados fueron suficientes. No obstante, a los quince días -por previsión- se ordenó un racionamiento del agua. El viaje de la goleta Benahoare fue el más rápido y agradable de la aventura de la emigración clandestina y la experiencia fue considerada como un auténtico “viaje de placer”.

La goleta "Benahoare", recién construida, en aguas de La Palma

Próximo a las costas de Macuto, la goleta Benahoare fue abordada por una lancha de la Marina de Guerra venezolana, que le indicó el rumbo a seguir y el patrón, Esteban Medina, ordenó a la expedición que se asearan convenientemente.

El 10 de mayo de 1950, dos días después de la arribada del motovelero Nuevo Teide, la goleta Benahoare amaneció frente a La Guaira. 

El día 11, el periódico caraqueño El Universal titula: 

NEGADA LA ENTRADA A OCUPANTES DE OTRO VELERO ESPAÑOL, EL CUAL LLEGO AYER AL PUERTO DE LA GUAIRA.

 “A un velero que llegó con 125 españoles indocumentados en la noche de antier al puerto, le fue ordenado por las autoridades de la Seguridad Nacional, ayer, continuar viaje. Al efecto, se le permitió reabastecerse de agua, que era lo único que le había escaseado durante la travesía de España hasta este puerto.

Algunos de los ocupantes de esta nueva expedición fueron reacios a seguir hacia otro país. Pero finalmente, ante la disposición de las autoridades, se vieron en la obligación de acatar las órdenes al respecto. Según se pudo saber fijaron rumbo hacia Colombia, posiblemente a Cartagena, donde podrán arreglar su documentación con más facilidad que en Venezuela. Manifestaron a su vez que al haber alistado sus papeles en Colombia retornarán a La Guaira nuevamente.

En lo relativo a la otra embarcación, que procedente de Las Palmas lleva en la rada cinco días con 286 inmigrantes indocumentados a bordo aún no se sabe cual será la disposición gubernamental acerca de si los admitirían en el país o los rechazarán como han hecho con los ocupantes del Venahores (Benahoare). Corresponsal, G. Villasana”.

La negativa de las autoridades venezolanas aparece reflejada en otra información del diario El Nacional, de la misma fecha: 

UN VELERO DE CANARIAS CON 150 INMIGRANTES INDOCUMENTADOS ARRIBO A LOS CARACAS ANOCHE 

“Un velero con 150 tripulantes sin documentación recaló en las costas de Los Caracas, en este litoral, y en intento de desembarco clandestino les sorprendieron las patrullas marítimas de la Guardia Nacional.

La embarcación fue remolcada a la rada de La Guaira (…) se supo, tanto por los tripulantes de esa embarcación como por aviso radiotelegráfico de un buque mercante norteamericano, que en alta mar, navegando en flotilla, se hallan cuatro veleros repletos de pasajeros indocumentados rumbo a las costas de Venezuela. Los tripulantes de esos veleros, en angustioso pedido, solicitaron auxilios del buque norteamericano, alegando que los alimentos y el agua se habían agotado después de un penoso y largo viaje.

Las cuatro embarcaciones citadas deberán recalar en La Guaira o en otra región del Litoral en el curso de la presente semana. Se considera que más de doscientos hombres viajan en ellas. Todos proceden de las islas Canarias”.

Esteban Medina, patrón de la goleta Benahoare, manifestó a este historiador, en una reunión celebrada en agosto de 1993 a bordo del yate Dora, atracado en el puerto de Radazul (Tenerife) y en presencia de su hermano Sebastián, que es rotundamente falsa la noticia del supuesto desembarco clandestino por la playa de Los Caracas. 

El diario La Esfera, en su edición del 11 de mayo de 1950, aclara un poco más la situación: 

“… la Seguridad Nacional de este puerto prendió al capitán del “Benahoarif”, junto con la tripulación por considerarles responsables del viaje clandestino, tal y como ha venido procediendo con las tripulaciones de las goletas anteriores. Pero a última hora se informó que el capitán y los marinos del buque habían efectuado un arreglo convencional con la S.N., prometiendo que esta misma tarde zarparían nuevamente para dirigirse a algún otro país o al puerto de origen. Una comisión de detectives y la Guardia Nacional verificarán en tal virtud la partida esta tarde del “Benahorif”. Alvarez, corresponsal”. 

La goleta Benahoare, después de reabastecerse de combustible, víveres y agua, se hizo de nuevo a la mar, aunque, al amanecer del día siguiente estaba otra vez en la bahía de La Guaira. 

De nuevo la crónica de El Universal, que titula: 

REGRESO A PUERTO VELERO “BENAHORIFF” DESPEDIDO POR AUTORIDADES ANTENOCHE    

El Nacional, ese mismo día, amplía la información: 

125 ESPAÑOLES INDOCUMENTADOS TRAJO AL PAIS UN BARCO VELERO. DRAMA EN ALTA MAR. 125 INMIGRANTES INDOCUMENTADOS SE REBELARON Y OBLIGARON AL CAPITAN A VOLVER A LA GUAIRA

“125 tripulantes del velero “Benahorif” se amotionaron a bordo, en alta mar, amenzando al capitán de la embarcación hasta hacerle regresar al puerto de La Guaira. El velero que arribó hace tres días a las costas de “Los Caracas”, había sido remolcado a esta rada y después de ser reaprovisionado de agua y combustible fue llevado a alta mar para que tomase rumbo a Cartagena u otro puerto suramericano, puesto que ninguno de los tripulantes posee documentación legal para desembarcar en Venezuela. Después del motín, el atemorizado capitán volvió a La Guaira.

El velero recaló a las tres de la madrugada, ante el regocijo de los tripulantes que hicieron entrada a puerto dando ¡vivas! a Venezuela y diciendo que no estaban dispuestos a marcharse después de hacer un largo viaje en busca de trabajo. La dramática declaración de los tripulantes del velero ha originado un problema de difícil solución para las autoridades. El numeroso grupo de hombres que desean ingresar como inmigrantes espontáneos, en breve conversación con el corresponsal dijeron que la situación económica que estaban confrontando en Canarias les obligaba, materialmente, a emigrar hacia países suramericanos, especialmente Venezuela.

Afirmaron que una libra de pan tiene un costo de 25 pesetas, y que los salarios para cada hombre por un día de labor, apenas llegaba a las 18 pesetas. Otros declararon que preferían quedarse como prisioneros hasta completar su documentación, antes de retornar.

Se informó hoy (13), que otros cuatro veleros que zarparon desde puertos pesqueros de Gran Canaria y Tenerife hace más de veinte días, estaban prontos a arribar a las costas trayendo a bordo más de doscientos hombres que tienen el mismo deseo de ingresar a Venezuela como inmigrantes espontáneos.

El motín a bordo del Benahoare para obligar al patrón de la nave a volver a La Guaira, ha suscitado diversos comentarios. Los tripulantes se aferran a la idea de permanecer en suelo venezolano”.

El 13 de mayo, el periódico La Esfera informa de la aceptación de los pasajeros del velero Benahoare

RESEÑADOS EN INVESTIGACION LOS 146 INMIGRANTES SIN DOCUMENTOS 

“Custodiados por Guardias Nacionales del Resguardo Marítimo de este puerto, hoy fueron conducidos a la Oficina de Identificación de Extranjeros los 146 inmigrantes españolas indocumentados que anteayer en la noche llegaron a La Guaira a bordo del velero Benahoare. Allí serán reseñados para luego resolverse lo que haya lugar sobre su ingreso al país (…) ahora, al ser reseñados para su debida identificación, los mencionados inmigrantes se encuentran en favorables condiciones, presumiéndose que su aceptación sea cosa de días, según las órdenes que sobre el caso vengan de Caracas. Con los del Nuevo Teide, llegados dos días antes a La Guaira, en número de 286, se cree que el procedimiento adoptado sea similar y que igualmente su aceptación esté pendiente de un momento a otro. (Alvarez, Corresponsal). 

Después de que fuera autorizado el desembarco de la expedición, la goleta Benahoare fue remolcada a Puerto Cabello y allí quedó abandonada junto a otros veleros de la emigración clandestina a Venezuela, un hecho que, en la acertada opinión de Díaz Sicilia, “fue triste e inmerecido final para tan gallarda y marinera nave, orgullo y nostalgia de las gentes de La Palma”.

Esteban Medina fue detenido por las autoridades venezolanas e ingresó en prisión durante 53 días. Más tarde, repatriado, regresó a Santa Cruz de Tenerife a bordo del trasatlántico “Conde de Argelejo” y permaneció por espacio de otros 20 días detenido en los almacenes de Fyffes: Y agrega: “En comparación a lo que pasé en Venezuela, en trato y en comida, Fyffes era como un hotel”.


[1] Coedición del Gobierno de Canarias y de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, publicado en Caracas en 1990, se trata de un volumen de 625 páginas, fuente de obligada consulta para una mejor comprensión de la emigración clandestina de los canarios a Venezuela.