Juan Carlos Díaz Lorenzo

En la década de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, el trasatlántico italiano “Surriento” fue uno de los barcos de la emigración más famosos. Recordamos haberlo visto en numerosas ocasiones atracado en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, en sus escalas en los viajes de ida y vuelta al puerto de La Guaira. A pesar de sus años de vida marinera y su intenso pasado bélico, como veremos a continuación, este buque competía activamente con los de otras navieras italianas, la portuguesa Compañía Colonial de Navegación y la Compañía Trasatlántica Española. 

Este buque había sido construido como “passanger liner” por encargo de la compañía norteamericana Grace Steamship Co. Inc. (Grace Line), con sede en Nueva York y cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XIX. El contrato de la construcción número 104 fue firmado con el astillero Furness S.S. Co. Ltd., en Haverton Hill (Inglaterra), algo inusual en una compañía norteamericana. El 15 de agosto de 1927 resbaló por la grada bautizado con el nombre de “Santa María” y en abril de 1928 fue entregado a sus armadores y destinado a una línea regular entre Nueva York, América Central y de costa del Pacífico en América del Sur, hasta alcanzar Valparaíso (Chile). 

Estampa marinera del buque “Santa María”, recién entregado a Grace Line

Los nuevos buques, que sustituían a otros de su misma contraseña, competían abiertamente con el servicio que ofrecía la Pacific Steam Navigation Co. y la Chilean Line. Grace Line precisó de autorización gubernativa para construir los nuevos buques fuera de EE.UU., argumentando para ello el cumplimiento de los plazos en el contrato de correo postal. Ambos fueron, en el momento de su puesta en servicio, los mayores buques de su clase que enarbolaron la bandera estadounidense. 

Publicidad de la compañía Grace Line de los nuevos buques

Era un barco elegante, de proa lanzada y popa redonda, con dos chimeneas bien proporcionadas, en un casco de 164,24 m de eslora total -151,80 m de eslora entre perpendiculares-, 21,12 m de manga, 12,24 m de puntal y 7,85 m de calado máximo. Tenía un registro de 10.699 toneladas brutas y estaba propulsado por dos motores Sulzer –fabricados, bajo licencia, por la firma Werkspoor, en Holanda–, con una potencia de 8.000 caballos sobre dos ejes y mantenía una velocidad de 16 nudos. En sus primeros tiempos disponía de alojamiento para 157 pasajeros, todos en primera clase, cifra que poco después fue ampliada a 172 plazas. Tenía un buque gemelo llamado “Santa Bárbara”, construido en el mismo astillero y puesto en servicio en agosto de 1928. 

USS Barnett

Cuando EE.UU. entró en la guerra, este buque fue adquirido el 11 de agosto de 1940 por el U.S. Maritime Commision y fue transformado en transporte militar de la clase McCawley en el astillero Todd, en Hoboken (Nueva York). El 25 de septiembre siguiente entró de nuevo en servicio, con capacidad para 1.300 hombres, pintado con el sayal gris de la guerra y rebautizado “USS Barnett” (AP 11). Para su autodefensa fue artillado con trece cañones de diferentes calibres y asumió el mando el capitán (RN) Lyell S. Pamperin. 

Este buque tuvo una intensa participación en varios escenarios del conflicto. Para no hacerlo excesivamente largo, resumiremos que desde septiembre de 1940 y hasta finales de 1941 participó en numerosos ejercicios anfibios en el área del mar Caribe. En 1942, con la entrada en la guerra del Japón, el buque “USS Barnett” pasó al teatro de operaciones en el Pacífico y formó parte de la fuerza que participó en agosto en la invasión de Guadalcanal. 

Recién transformado en transporte militar (marzo de 1941)

En febrero de 1943 fue reclasificado como transporte de ataque y pintó en el costado el numeral APA-5. En el transcurso del citado año intervino en los desembarcos de Sicilia, en julio y Salerno, en septiembre. Precisamente, durante las operaciones del 11 de julio, el buque fue alcanzado en un ataque de fuego enemigo que provocó siete muertos, varios heridos y diversos daños materiales. Reparado a toda prisa, continuó en el servicio activo y en los meses de junio, agosto y septiembre de 1944 participó en los desembarcos de Normandía y sur de Francia. 

El buque “USS Barnett”, reclasificado como transporte de ataque

Luego cruzó de nuevo el Atlántico y vía canal de Panamá pasó al Pacífico, donde intervino en abril de 1945 en el desembarco de Okinawa y cuando acabó la guerra, recibió órdenes de regresar a EE.UU. evacuando a contingentes de veteranos que habían participado en la guerra en Filipinas. Por su participación en el servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial recibió siete estrellas de combate. Amarrado en la base de Newport (Rhode Island), en mayo de 1946 fue decomisionado y en el mes de julio fue transferido al control del U.S. Maritime Commision. 

Cuando acabó la guerra y comenzaron los grandes desplazamientos migratorios de Europa hacia América y Australia, algunos navieros italianos encontraron los barcos necesarios en el “surplus” de EE.UU. Los excedentes de flota fueron considerables, no sólo de los diferentes tipos militares del esfuerzo bélico –caso de los buques “Liberty”, “Victory”, “Ocean”…–, sino también de antiguos trasatlánticos que habían sido transformados en transportes militares, como en el caso que nos ocupa. 

Los años del “Surriento”

En marzo de 1948 el buque ex “USS Barnett” fue adquirido por Achille Lauro. Tras una primera reforma en el puerto de Baltimore, en el mes de julio siguiente cruzó el Atlántico y a su llegada a Génova fue sometido durante nueve meses a una radical transformación de la que salió reconvertido en buque de pasaje rebautizado con el nuevo nombre de “Surriento”. La capacidad de alojamiento era de 187 pasajeros en primera clase y 868 en clase turista.  

El 22 de mayo de 1949 zarpó de Génova en su primer viaje a Fremantle, Melbourne y Sydney (Australia). En el viaje de regreso, iniciado el 28 de junio, hizo escalas en Singapur y Colombo. En el transcurso del citado año hizo otros dos viajes a Australia, tocando a la ida, antes de cruzar el canal de Suez, en los puertos de Marsella y Nápoles. A finales de 1950 viajó de Brisbane a Djakarta, donde recogió a una expedición de holandeses de regreso a su país de origen. 

Primera etapa del trasatlántico “Surriento”, con dos chimeneas

En el transcurso de 1951, Flotta Lauro incorporó otros dos buques al tráfico de la emigración hacia Australia, llamados “Roma” y “Sydney”, lo que permitió destinar el buque “Surriento” a la línea de Venezuela, para lo que fue reacondicionado con capacidad para 119 pasajeros en primera clase y 994 en clase turista. El 18 de septiembre del citado año realizó su primera escala en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. 

En marzo de 1953 retornó de nuevo a la línea de Australia, en sustitución del trasatlántico Roma, que entonces estaba destinado a la línea Italia-Nueva York. Así permaneció los tres años siguientes en unión de su compañero de contraseña Sydney. El 22 de septiembre de 1956, a su llegada al puerto de Fremantle, las autoridades de inmigración inspeccionaron el buque y reportaron diversos defectos en los equipos de salvamento. Cuando éstos fueron subsanados fue autorizado a seguir viaje a los puertos de su itinerario y el 10 de octubre comenzó el regreso a Génova, cerrando así su etapa en el tráfico de la emigración a Australia. 

El trasatlántico italiano “Surriento”, fondeado en Santa Cruz de La Palma

En diciembre de 1956 volvió de nuevo a la línea de Venezuela, con escalas en Nápoles, Génova, Barcelona, Santa Cruz de Tenerife, La Guaira y Maracaibo. A partir del 22 de agosto de 1957 incluyó en su itinerario una escala en Cádiz. Entre 1959 y 1960 fue sometido a obras de gran carena y modernización en el astillero de Génova. De su estampa marinera, que ganó en modernidad, desapareció una chimenea y quedó con capacidad para 1.080 pasajeros en clase única. Para mejorar la oferta y mantenerlo competitivo, le fue instalado un equipo de aire acondicionado y dotado con dos piscinas exteriores. Y así transcurrieron otros cinco años, yendo y viniendo en la línea Italia-Canarias-Venezuela.  

El 27 de enero de 1963 es la fecha que vincula al trasatlántico “Surriento” con la historia del puerto de Santa Cruz de La Palma. Como en las grandes solemnidades de la mar, en su primera escala el “liner” italiano entró empavesado y atracó estribor al muelle después de que el práctico José Amaro Carrillo saliera a recibirlo en su falúa a dos millas de la costa y saludara a la ciudad con varias pitadas. 

El trasatlántico “Surriento”, a su llegada al puerto de Santa Cruz de La Palma

Unos días después, el alcalde de Santa Cruz de La Palma, Miguel Sosa Pérez, recibió una carta del naviero Achille Lauro, propietario del buque “Surriento”, en la que le expresaba, entre otras consideraciones, que “el comandante Ángelo Carmincich, a su llegada a Nápoles, me ha hecho el elogio de la calurosa,  espontánea y cariñosa acogida que usted, las autoridades civiles y portuarias, así como la población, han tenido a bien  manifestar a nuestra unidad en ocasión de la escala efectuada en su bella Isla. Los honores que han tributado a mi buque y a su tripulación, me han llegado al corazón y han confirmado la unidad espiritual que vinculada a nuestros dos países. El pueblo español y el pueblo italiano vienen hondamente unidos por una idéntica fe religiosa, por analogías de lengua y por una igual sensibilidad de temperamento. Se entienden profundamente y el calor de esta manifestación no quedará como un simple episodio momentáneo, sino como un bellísimo y cariñoso recuerdo por cuantos en ello han participado”.

La llegada del “Surriento” fue un acontecimiento en la historia de La Palma

Achille Lauro, “cavallere del Valoro”, expresaba su deseo de que la primera escala del “Surriento” “pueda ser el inicio de un tráfico regular importante que me permitirá continuar escalas regulares en esa Isla” y decía que “si a mí me resultara imposible venir un día personalmente a Santa Cruz de La Palma, puedo asegurarle que lo hará mi hijo y en nombre mío le extenderá a V. un abrazo y rendirá piadoso homenaje a la Santa Patrona de la Isla, la Virgen de las Nieves”. 

El 13 de junio de 1965, domingo en el calendario, el trasatlántico italiano “Surriento” atracó de nuevo en el puerto palmero, para desembarcar una expedición de 113 pasajeros, que llegaban a la isla procedente de Venezuela con motivo del año lustral. La fiesta de recibimiento casi se tiñe de luto cuando una niña de seis años, al intentar coger una serpentina, cayó al agua y pudo salvar la vida gracias a la inmediata y decidida actuación de uno de los presentes, José Hernández Vargas, que la rescató con vida. 

Luego vino una etapa de amarre y en el segundo semestre de 1965 fue fletado por la compañía israelí ZIM Lines para cubrir la línea entre Marsella y Haifa, en la que relevó al trasatlántico Flaminia, de su misma bandera. La incorporación de los buques “Achille Lauro” y “Angelina Lauro” a la línea de Australia y la reubicación de los buques “Roma” y “Sydney” en la línea de Centroamérica, relegó a un segundo plano al buque “Surriento”. Su destino quedó sellado en pocas semanas. El 30 de septiembre de 1966 fue vendido para desguace y desmantelado en La Spezia, dando así punto final a su dilatada e intensa vida marinera.

Fotos: teesbuiltships.co.uk, don.genemcguire.com, navsource.org y archivos de Juan Antonio Padrón Albornoz [Universidad de La Laguna] y Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En la década de los años sesenta del siglo XX, cuando Venezuela vivía una bonanza económica sustentada en el bolívar como moneda fuerte al cambio de la peseta, en la otra orilla del Atlántico, empresarios palmeros vinculados al sector turístico –Viajes El Teide y Viajes Sport, principalmente- organizaron varios viajes desde La Guaira a Santa Cruz de La Palma a bordo de trasatlánticos portugueses, italianos y uno español, casi siempre coincidiendo con las fiestas lustrales de la Bajada de la Virgen de las Nieves. Pero no siempre fue así.

En algunas ocasiones, en las que el número de pasajeros justificaba la escala, arribaron al puerto de Santa Cruz de La Palma los trasatlánticos italianos Surriento, Irpinia y Anna C, tres barcos protagonistas de la historia de la emigración canaria a Venezuela, que se convirtieron en noticia destacada, como apreciamos en la hemeroteca de Diario de Avisos

El primero de ellos arribó a Santa Cruz de La Palma, en su primera escala, el 27 de enero de 1963. Como en las grandes solemnidades de la mar, en aquella ocasión el “liner” entró empavesado y saludó a la ciudad con las pitadas de rigor. Un enorme gentío, entre familiares, amigos y curiosos, se congregó en el muelle arremolinado en torno a la escala para recibir a los “indianos”, que habían cruzado el Atlántico en una semana de viaje. Algunos, los más pudientes, traían incluso sus grandes coches americanos, que causaban sensación a su paso por las carreteras de la isla.

Unos días después, el armador del trasatlántico Surriento, el naviero Achille Lauro (1887-1982), escribió una carta al alcalde de Santa Cruz de La Palma, Miguel Sosa Pérez, en la que le expresaba, entre otras consideraciones, que “el comandante Ángel Carmincich, a su llegada a Nápoles, me ha hecho el elogio de la calurosa, espontánea y cariñosa acogida que usted, las autoridades civiles y portuarias, así como la población, han tenido a bien  manifestar a nuestra unidad en ocasión de la escala efectuada en su bella Isla”.

“Los honores que han tributado a mi buque y a su tripulación –prosigue-, me han llegado al corazón y han confirmado la unidad espiritual que vincula a nuestros dos países. El pueblo español y el pueblo italiano vienen hondamente unidos por una idéntica fe religiosa, por analogías de lengua y por una igual sensibilidad de temperamento. Se entienden profundamente y el calor de esta manifestación no quedará como un simple episodio momentáneo, sino como un bellísimo y cariñoso recuerdo por cuantos en ello han participado”.

Achille Lauro, “cavallere del Valoro”, expresaba así su deseo de que la primera escala del Surriento “pueda ser el inicio de un tráfico regular importante que me permitirá continuar escalas regulares en esa Isla” y decía que “si a mí me resultara imposible venir un día personalmente a Santa Cruz de La Palma, puedo asegurarle que lo hará mi hijo y en nombre mío le extenderá a V. un abrazo y rendirá piadoso homenaje a la Santa Patrona de la Isla, la Virgen de Las Nieves”.

El trasatlántico "Surriento", en Santa Cruz de La Palma

La llegada del barco congregó a cientos de familiares y curiosos

El 13 de junio de 1965, domingo en el calendario, el histórico Surriento atracó de nuevo en el puerto palmero, para desembarcar a 113 pasajeros, que llegaban a la Isla procedentes de Venezuela con motivo del año lustral. La fiesta de recibimiento casi se tiñó de luto cuando una niña de seis años, al intentar coger una serpentina, cayó al agua y pudo salvar la vida gracias a la inmediata y decidida actuación de uno de los presentes, José Hernández Vargas, que se lanzó al agua en su auxilio.

Cuando el Surriento estuvo en La Palma, el barco vivía sus últimas singladuras. Había sido construido en los astilleros Furness S.B. Co. Ltd., en Haverton Hill (Inglaterra) por encargo de la naviera Grace Line, con sede en Nueva York. El  15 de agosto de 1927 resbaló por la grada con el nombre de Santa María y en abril de 1928 fue entregado a sus armadores, siendo destinado a la línea entre Nueva York y puertos de América Central.

En agosto de 1940, con el mundo en guerra, el barco fue comprado por la U.S. Navy y transformado en transporte de tropas, entrando en servicio el 25 de septiembre siguiente rebautizado con el nuevo nombre de USS Barnett (AP 11), y siendo su primer comandante el oficial Lyell S. Pamperin. Hasta final de año sirvió de apoyo para el entrenamiento de “marines” en las islas de Culebra y Vieques, en Puerto Rico. En enero de 1941 retornó a Norfolk para la puesta de punto de sus motores y salió de nuevo a navegar en el mes de abril, interviniendo, hasta final de año, en diversas operaciones anfibias y de entrenamiento.

Incorporado al servicio militar, el barco participó activamente en el transporte de tropas y material tanto en el Atlántico como en el Pacífico, e incluso hizo algunos viajes como buque de apoyo logístico. Entre sus intervenciones más destacadas figuran las operaciones de Guadalcanal-Tulagi (7-9 de agosto de 1942), captura y defensa de Guadalcanal (9 de agosto-28 de noviembre de 1942), ocupación de Sicilia (10-15 de julio de 1943), desembarco de Salerno (9-21 septiembre de 1943), invasión de Normandía (6-19 de junio de 1943), invasión del Suroeste de Francia (15 de agosto-25 de septiembre de 1943), y asalto y ocupación de Okinawa (1-9 de abril de 1945).

El 1 de febrero de 1943 fue reclasificado como transporte de ataque con el numeral APA-5. El 11 de julio del citado año, cuando se encontraba en Sicilia, fue atacado y averiado con graves daños en la proa, registrando siete muertos y 35 heridos, todos ellos personal militar. Cuatro días después, el barco pudo alcanzar el puerto de Argel por sus propios medios, para proceder a su reparación. Después de su participación en las campañas bélicas de Europa, pasó a operar en el Pacífico, donde permaneció hasta que acabó la guerra. El 26 de septiembre de 1945 regresó a Newport y el 30 de abril de 1946 cesó en el servicio activo, siendo transferido el 3 de julio siguiente al U.S. Maritime Commision.

El 13 de abril de 1948 fue vendido al armador italiano Achille Lauro, siendo transformado en buque de pasajeros y rebautizado Surriento. En mayo de 1949 realizó su primer viaje entre Génova y Sydney, alternando con la línea del Plata, con capacidad para 187 pasajeros en primera clase y 868 en turista. En 1951 pasó a cubrir la línea de Venezuela, vía Santa Cruz de Tenerife, puerto en el que hizo su primera escala el 18 de septiembre del citado año. En 1953 retornó de nuevo al servicio de Australia y en diciembre de 1956 volvió otra vez a la línea de Venezuela.

Flotta Lauro operaba, por entonces, una flota compuesta por los buques de pasajeros Ravello, Nápoli, Sydney y Roma, además de una larga lista de cargueros, procedentes, en su mayoría, excedentes del programa naval de EE.UU.

Entre 1959 y 1960, el trasatlántico Surriento fue sometido a trabajos de gran carena en los astilleros de Génova. De su estampa marinera, que ganó en modernidad, desapareció una de las dos chimeneas y quedó con capacidad para 119 pasajeros en primera clase y 994 en turista. Por entonces era un buque de 10.699 toneladas brutas y medía 164,24 metros de eslora total, 21,12 de manga, 12,24 de puntal y 7,85 de calado. Estaba propulsado por dos motores Sulzer, con una potencia de 8.000 caballos y 18 nudos de velocidad.

En el segundo semestre de 1965 el buque estuvo fletado por ZIM Lines y realizó varios viajes entre Marsella y Haifa. La incorporación de los trasatlánticos Achille Lauro y Angelina Lauro provocó un excedente en la flota y, por lo que al veterano Surriento se refiere, el 30 de septiembre de 1966 fue amarrado y poco después desguazado en La Spezia.

"Irpinia", otro trasatlántico cargado de historia

Otro barco destacado que forma parte de la historia del puerto palmero es el trasatlántico italiano Irpinia, que arribó por primera vez el 2 de junio de 1965, año lustral, procedente de La Guaira. Al igual que ocurriera en ocasiones anteriores, un impresionante gentío se congregó en el muelle y los alrededores para presenciar la llegada del buque y recibir a sus amigos y familiares.

El barco entró “avante poca” con el práctico José Amaro Carrillo a bordo y con el ancla de babor a la pendura, pendiente de ordenar fondo. Atracó estribor al muelle y en la maniobra de atraque se cruzó con el frutero Athos y el carguero español Mariloli, que estaban fondeados y en el muelle compartió atraque con los fruteros Duero y Ciudad de Salamanca, así como el costero Vicente Gallart. Según hemos constatado, el trasatlántico Irpinia estuvo en el puerto palmero en otras tres ocasiones, la última de ellas el 10 de junio de 1966.

Construcción número 1.302 de los astilleros Swan Hunter & Wigham Richardson, en Newcastle, fue botado el 11 de junio de 1929 con el nombre de Campana y contraseña de la naviera francesa Societé Générale de Transports Maritimes (SGTM) y en diciembre del citado año realizó su primer viaje en la línea de América del Sur, con base en Marsella.

En 1940, iniciada la Segunda Guerra Mundial, el barco quedó amarrado en Buenos Aires a la espera de los acontecimientos. Allí se encontraban también los buques Formose y Katiola, también de bandera francesa. En julio de 1943 fueron incautados y declarados de utilidad pública por el Gobierno de la República Argentina, siendo rebautizados con los nombres de Río Jachal, Río Tunuyán y Río Luján. En 1945, el Gobierno francés pidió su devolución y en febrero de 1946 fueron entregados a sus armadores, por lo que el “liner” Campana recuperó su nombre original y retornó a la citada línea regular. Entre 1951 y 1955 el barco estuvo fletado por la naviera francesa Chargeurs Réunis y entonces navegó en la línea del Lejano Oriente.

En junio de 1955, la compañía italiana Sícula Oceánica (SIOSA Lines) adquirió los buques Ascania y Campana en un millón de dólares. El primero de ellos mantuvo su aspecto original, navegó en líneas regulares y en 1968 fue vendido para desguace, después de haber pasado los dos últimos años haciendo cruceros por el Mediterráneo.

El segundo, rebautizado con el nombre de Irpinia, fue remodelado en los astilleros de Génova y pasó a cubrir la línea regular entre Italia y Venezuela, entonces de gran demanda, con escalas en Génova, Cannes, Casablanca, Santa Cruz de Tenerife, Trinidad, La Guaira, Martinica y Guadalupe, recalando, a la vuelta, en Santa Cruz de Tenerife, Casablanca, Barcelona, Cannes y Génova.

El 17 de diciembre de 1955 hizo su primera escala en el puerto tinerfeño, procedente de Nápoles y Palermo en viaje a La Guaira y República Dominicana. En octubre de 1956 realizó un viaje especial entre Southampton y Nueva York y entre abril de 1959 y septiembre de 1960 pasó a navegar en la línea del Canadá, fletado por una organización que se ocupó de llevar refugiados húngaros a Quebec y Montreal.

En 1962 fue sometido a nuevos trabajos de remodelación en los astilleros de Trieste, siéndole suprimida una de las dos chimeneas. Con un registro de 13.204 toneladas brutas, medía 163,65 metros de eslora, 20,43 metros de manga, 10,67 de puntal y 7,18 de calado. Pertenecía a la matrícula de Palermo y tenía capacidad para 1.161 pasajeros. Estaba propulsado por dos motores FIAT, con una potencia de 15.000 caballos y 18,5 nudos de velocidad. A continuación pasó a cubrir la línea Southampton y Venezuela, vía Santa Cruz de Tenerife. En la escala del 28 de agosto de 1964 viajaba a bordo el cardenal primado de Venezuela, monseñor Humberto Quintero, quien se desplazaba a Italia para asistir en Génova a la tercera reunión del Concilio Ecuménico Vaticano II, siendo cumplimentado por el obispo de la diócesis nivariense y otras autoridades.

Retirado del servicio trasatlántico, en marzo de 1970 fue incorporado al mercado de los cruceros de turismo, realizando viajes con base en Génova y escalas en Cannes, Barcelona, Palma, Túnez, Palermo y Capri. En noviembre de 1971, la prensa tinerfeña anunció su presencia en un itinerario por varios puertos de África Occidental, en sustitución del buque yugoslavo Jedinstvo.

En el verano de 1975 realizó una serie de viajes a los fiordos de Noruega y puertos escandinavos con base en Tilbury. En 1976 fue fletado para el rodaje de la película El viaje de los malditos (Voyage of the Damned), superproducción dirigida por Stuart Rosenberg, con banda sonora de Lalo Schifrin y protagonizada, entre otros, por James Mason, Faye Dunaway, Oskar Werner, Katherine Ross, Max von Sydow, Lee Grant, Orson Welles y Fernando Rey. El film recrea el viaje de Hamburgo a La Habana del trasatlántico alemán St. Louis, con 937 refugiados judíos a bordo.

Casi al final de su dilatada vida marinera, cuando contaba cincuenta años de vida marinera, el trasatlántico Irpinia continuó con sus cruceros semanales por el Mediterráneo occidental y así permaneció en la mar hasta 1981, en que fue amarrado y en 1983 se vendió para desguace en La Spezia.

"Anna C", uno de los "liners" más famosos de Línea "C"

Por último, haremos mención, asimismo, al trasatlántico italiano Anna C, que arribó al puerto de Santa Cruz de La Palma, procedente de La Guaira, el 14 de junio de 1965, ocasión en la que desembarcó 45 pasajeros, que disfrutaron de las Fiestas Lustrales de Nuestra Señora de las Nieves.

Este barco fue el primero de Costa que se incorporó al tráfico de la emigración. Se trataba de un antiguo carguero construido en los astilleros Ligthgows Ltd. –construcción número 816-, en Port Glasgow (Escocia), por encargo de la compañía Furness-Prince Line. Botado el 12 de marzo de 1929 con el nombre de Southern Prince, en agosto del citado año entró en servicio en la línea que enlazaba Nueva York, Río de Janeiro, Santos, Montevideo y Buenos Aires, incluyendo, en los viajes de vuelta, una escala en Trinidad.

Durante la Segunda Guerra Mundial hizo constantes viajes como transporte de tropas y material. Devuelto a la vida mercante, en 1947 fue adquirido por Costa y transformado en buque de pasajeros en los astilleros de Génova, siendo abanderado en Italia con el nuevo nombre de Anna C.

De 12.030 toneladas brutas, medía 173 m de eslora total, 21,15 de manga, 13,50 de puntal y 9,33 de calado. Tenía capacidad para 850 pasajeros y estaba propulsado por dos motores FIAT, con una potencia de 14.000 caballos y 18 nudos de velocidad.

En marzo de 1948 zarpó de Génova en su primer viaje a Argentina. En su viaje de vuelta, el 12 de mayo del citado año realizó su primera escala en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, consignado por Cory Hermanos. El nuevo servicio alcanzó un notable éxito, lo que permitió la incorporación, seis meses después, del buque Andrea C

En los años siguientes el buque sufrió importantes reformas dentro del interés de su armador por mantenerlo en buenas condiciones y en sus últimos años de servicio realizó cruceros semanales con escalas en Génova, Cannes, Barcelona, Palma, Trípoli, Nápoles y Capri.

 A finales de la década de los sesenta, la incorporación de nuevas unidades a la flota de “Línea C” determinó el amarre del veterano Anna C. La decisión final sobre su futuro se adelantó al sufrir en 1971 los efectos devastadores de incendio cuando se encontraba amarrado en el puerto de Génova, por lo que en diciembre de ese mismo año fue vendido para desguace en La Spezia.

Fotos: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo