Juan Carlos Díaz Lorenzo

Los vínculos que nos unen a la entrañable Venezuela desde hace muchos años y las vivencias que en otros tiempos tuvimos cuando el Consulado General y la Casa de Venezuela eran todo un referente en las relaciones entre las dos orillas, en tiempos del cónsul general Jesús Enrique Márquez Moreno, acaso el diplomático más relevante de cuantos ha tenido el país latinoamericano en esta tierra nuestra, nos hace evocar la memoria de la familia Arreaza Montserrat, que fueron decididos valedores de la gran labor realizada entonces.

Jorge Arreaza Montserrat es el más pequeño de los hijos de Gustavo Adolfo Arreaza Arreaza y de Celenia Montserrat. Sus hermanos Gustavo y Celenia también vivieron en su infancia y primera juventud en Santa Cruz de Tenerife, en la época en la que sus padres trabajaron para el Servicio Exterior de Venezuela. En la capital tinerfeña, el consulado estaba entonces situado en la calle de El Pilar, enfrente de la delegación de la Compañía Trasatlántica Española y la residencia familiar en la céntrica calle Costa y Grijalba, muy cerca del Colegio Hispano-Inglés, en el que los jóvenes Arreaza Montserrat recibieron parte de su formación.

Jorge Arreaza Montserrat vivió parte de su infancia en Santa Cruz de Tenerife

Gustavo Arreaza Arreaza, nacido en Aragua de Barcelona (Estado Anzoátegui) era la nobleza encarnada en primera persona y su esposa Celenia una mujer de carácter y decisión. Fuimos muy buenos y entrañables amigos y guardamos un gratísimo recuerdo de su estancia entre nosotros. Sus hijos eran entonces unos muchachitos, siempre correctos y educados, no en vano se criaron en un ambiente propicio para las buenas maneras y la educación sana y coherente. Tuvimos ocasión de volver a encontrarnos en Vigo, donde entonces vivía Jorge con sus padres, pues sus hermanos mayores habían regresado a Venezuela. Supimos que después se trasladaron a Curazao y allí finalizaron su carrera diplomática.

Perdida la conexión por el paso del tiempo transcurrido, en uno de nuestros viajes a Venezuela, estando en la ciudad de Mérida compartimos mesa y mantel con un grupo de invitados de la Universidad de los Andes. Frente a nosotros se sentó una joven hermosa cuyos rasgos nos hicieron recordar a Celenia Montserrat de Arreaza y cuál no sería nuestra sorpresa cuando, en la agradable charla, nos dijo que era sobrina suya. Lamentamos no recordar su nombre en este momento, pero nos facilitó el teléfono de sus familiares en Caracas y, de vuelta a la capital de la República, una de las primeras cosas que hicimos fue ponernos en contacto con ellos.

¡Qué alegría más grande a pesar de los sinsabores que les había tocado vivir! Celenia luchaba entonces, como lo hizo Hugo Chávez, contra un cáncer que acabaría venciéndola en plena y hermosa madurez. Gustavo acababa de remontar una etapa muy complicada en la que había recobrado la memoria y mantuvimos una larga conversación telefónica, pues la premura de nuestro viaje de regreso nos impidió encontrarnos en el domicilio que hacía poco tiempo habían estrenado. Quedamos en volver a vernos en un próximo viaje y, aunque por nuestra parte tuvimos ocasión de regresar de nuevo al país hermano –la octava isla de los canarios, como bien la definió el inolvidable maestro de periodistas Ernesto Salcedo–, tanto Celenia como Gustavo ya se habían despedido para siempre de su querida patria, a la que sirvieron con honradez, generosa entrega y lealtad manifiesta.

Ahora leemos en los medios de comunicación la noticia de que Jorge Arreaza Montserrat ha sido elevado al rango de vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela. Que es yerno del fallecido presidente Hugo Chávez –quien también estuvo en Tenerife en dos ocasiones– y que antes ha sido ministro de Ciencia y Tecnología, viceministro de Desarrollo Científico, presidente de Fundayacucho y presentador de Venezolana de Televisión. Destacada carrera para un hombre de 39 años, destacado líder del Gobierno revolucionario venezolano y parte de cuya infancia y forja de carácter y personalidad transcurrió en Santa Cruz de Tenerife.

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Juan Carlos Díaz Lorenzo

El archivo fotográfico nos trae hoy la imagen del buque “Monagas”, que en el primer cuatrimestre de 1978 pasó a formar parte de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación cuando la naviera estatal era orgullo legítimo de Venezuela en los mares del mundo. Formaba parte del programa de renovación de flota emprendido a comienzos de la década y recibió el nombre del Estado nororiental, que limita al este con el Estado del Delta Amacuro y el Atlántico, por el sur con el Estado Bolívar, por el oeste con el Estado Anzoátegui y por el norte con el Estado Sucre. Su capital administrativa es la ciudad de Maturín.

Construcción número 280 de los astilleros Brodogradiliste, en Split (antigua Yugoslavia, hoy Croacia), el buque “Monagas” fue botado el 26 de marzo de 1977 y entró en servicio en abril de 1978. Inscrito en la matrícula naval de La Guaira, era el tercero en la historia de la Marina Mercante venezolana que ostentó dicho nombre, pues con anterioridad existió un petrolero construido en Inglaterra y entregado en julio de 1927 a Mene Grande Oil Co.; y en marzo de 1954, de factura alemana, Marítima Aragua recibió un petrolero que recibió el mismo nombre.

Estampa marinera del buque “Monagas”, tercero de su nombre

El tercer “Monagas” era un buque de 9.757 toneladas brutas, 5.984 toneladas netas y 12.831 toneladas de peso muerto, siendo sus principales dimensiones 158,10 m de eslora total -148 m de eslora entre perpendiculares-, 21,85 m de manga, 12,27 m de puntal y 8,12 m de calado máximo. Propulsado por un motor MAN –fabricado, bajo licencia, por la firma Tvornica Dizel Motora, en Split-, de 13.870 caballos de potencia sobre un eje y una velocidad máxima de 19,5 nudos.

Gemelo del “Apure”, era buque de elegante línea marinera y bien proporcionado. Disponía de una gran capacidad de carga en cinco bodegas –cuatro a proa de la superestructura y una a popa-, dotadas de seis escotillas y grúas hidráulicas y puntales para las operaciones de carga y/o descarga. Sobre cubierta y en bodega podía transportar 96 TEUS. Código IMO 7510717.

Un tiempo antes de la debacle final de la CAVN, el buque de esta historia se vendió en diciembre de 1989 y recibió el nuevo nombre de “Dascalos D.”. En años sucesivos ostentó los siguientes nombres: “Trent” (1991), “Stonar” (1992), “Umut” (1993) y “Chang Bai Shan” (1994).

Foto: Ventuari (www.shipspotting.com) 

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Recordamos hoy la estampa marinera del buque “Apure”, que a mediados de 1978 engrosó la flota de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación cuando la naviera estatal era orgullo de Venezuela en los mares del mundo. Formada parte del programa de renovación de flota emprendido a comienzos de la década y recibió el nombre del Estado llanero por excelencia, localizado en el sudoeste del país y cuya capital administrativa es la ciudad de San Fernando de Apure.

Construcción número 281 de los astilleros Brodogradiliste, en Split (antigua Yugoslavia, hoy Croacia), el buque “Apure” fue botado el 1 de septiembre de 1977 y entró en servicio en junio de 1978. Inscrito en la matrícula naval de La Guaira, era el tercero en la historia de la Marina Mercante venezolana que ostentó dicho nombre, pues con anterioridad existió un petrolero construido en Inglaterra y entregado en mayo de 1928 a Mene Grande Oil Co.; y en diciembre de 1950, también de factura británica, la CAVN recibió un transbordador que recibió el mismo nombre y estuvo inscrito en la matrícula naval de Ciudad Bolívar.

Estampa marinera del buque “Apure”, en sus años con la CAVN

En su segunda etapa, rebautizado con el nombre de “Green Had”

El tercer “Apure” era un buque de 9.757 toneladas brutas, 5.984 toneladas netas y 12.831 toneladas de peso muerto, siendo sus principales dimensiones 158,10 m de eslora total -148 m de eslora entre perpendiculares-, 21,85 m de manga, 12,27 m de puntal y 8,12 m de calado máximo. Propulsado por un motor MAN –fabricado, bajo licencia, por la firma Tvornica Dizel Motora, en Split-, de 13.870 caballos de potencia sobre un eje y una velocidad máxima de 19,5 nudos.

Era un barco elegante y de líneas marineras bien proporcionadas. Disponía de una gran capacidad de carga en cinco bodegas –cuatro a proa de la superestructura y una a popa-, dotadas de seis escotillas y grúas hidráulicas y puntales para las operaciones de carga y/o descarga. Sobre cubierta y en bodega podía transportar 96 TEUS. Código IMO 7510729.

Cuando llegó la hora de la debacle que la CAVN, el buque de esta historia fue vendido en junio de 1993 y rebautizado “Green Had”. En años sucesivos ostentó los siguientes nombres: “Ram Ram” (1995), “María P. I.” (1995-1997, propiedad de Gigan Shipping Co. Ltd.) y “Aliki A.” (1997), con el que se fue al desguace, enarbolando entonces bandera de Malta y la contraseña de Artibel Shipping (gerencia de Danielson Marine Navigation).

Fotos: Ventuari y Walter Freigtag a través de Carimar (shipspotting.com).

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En la década de los años cincuenta del siglo XX imperaba un modelo de buque de carga general y frigorífica que estuvo muy en boga durante bastante tiempo, hasta que la demanda del mercado y la evolución tecnológica derivaron en unidades de mayor porte. De aquella época nos queda el recuerdo, entre otros, del buque “Guárico”, segundo con este nombre en la historia de la Marina mercante de Venezuela.

En 1957, la Compañía Anónima Venezolana de Navegación compró en el mercado internacional el buque “Mette Skou”, propiedad de la compañía danesa Ove Skou, con sede en Copenhague. Había entrado en servicio en noviembre de 1953 y estuvo dedicado al tráfico “tramp”, cruzando el Atlántico de norte a sur, con viajes al Caribe y la costa pacífica de América del Sur para la carga de frutas y productos congelados.

Estampa marinera del buque “Mette Skou”, después “Guárico”

Construcción número 968 del astillero Howaldtswerke Deutsche Werft A.G., en Kiel (Alemania Federal), era un buque de 4.237 toneladas brutas y 6.514 toneladas de peso muerto, siendo sus principales dimensiones 126,60 m de eslora total y 17,20 m de manga. Compartimentado en cuatro bodegas y con superestructura al centro, estaba propulsado por un motor MAN DZ860/110, de ocho cilindros y 6.200 caballos de potencia sobre un eje, que le daba una velocidad de 16,5 nudos. Código IMO 5137078.

Buen barco, robusto de casco y potencia de motor, cuando se abanderó en Venezuela figuró inscrito en la matrícula naval de La Guaira y a partir de entonces navegó en los tráficos internacionales de la CAVN, que por entonces ya había logrado hacerse un hueco importante en el tráfico marítimo de la región. Así transcurrieron otros 16 años y en diciembre de 1973 arribó a Santander, donde se procedió a su desguace.

Foto: Histarmar

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En el plan de renovación de flota que la Compañía Anónima Venezolana de Navegación (CAVN) emprendió a mediados de la década de los años setenta, figuraba la construcción de nuevos buques “multipurpose” destinados a asegurar una parte importante de las exportaciones e importaciones que demandaba el país, haciendo posible, además, la presencia de la bandera venezolana en los puertos de sus itinerarios. Cuatro de estos buques fueron contratados en astilleros japoneses y recibieron los nombres de “Carabobo”, “Lara”, “Guárico” y “Zulia”.

El primero de ellos, del que nos ocupamos en esta oportunidad, recibió el nombre del Estado situado en el centro-norte del país, en la región central del país. Su capital es la ciudad de Valencia y ocupa una superficie de 4.650 kilómetros cuadrados con una población de algo más de 2,3 millones de habitantes (2011). Es el tercer estado más poblado e importante de Venezuela, en el que se registra el mayor crecimiento económico y urbano, además de referente muy destacado en la historia de la independencia del país.

El buque “Carabobo”, visto por la banda de estribor

Se trataba de un carguero de línea, construcción número 1.078 de los astilleros Mitsubhisi Heavy Industries Ltd., factoría de Kobe (Japón), botado el 15 de mayo de 1977 y entró en servicio a finales del citado año, siendo inscrito en la matrícula naval de La Guaira. Era el tercero con dicho nombre en la historia de la Marina Mercante de Venezuela. Le había precedido un carguero para la CAVN (1949-1962) y un ferry de factura norteamericana que estuvo operativo en el Lago de Maracaibo, construido en 1953 por encargo de la C. A. La Translacustre.

De 12.164 toneladas brutas, 6.405 toneladas netas y 17.611 toneladas de peso muerto, medía 160 m de eslora total -148 m entre perpendiculares-, 22,92 m de manga, 10 m de puntal y 9,15 m de calado máximo. Propulsado por un motor Sulzer 6RND78 –fabricado, bajo licencia, en los talleres del citado astillero-, de 12.000 caballos de potencia sobre un eje y una hélice de paso variable, que le permitía mantener una velocidad de 16 nudos.

Rebautizado con el nombre de “Mayking”, en su segunda etapa

Disponía de una gran capacidad de carga en cinco bodegas –cuatro a proa de la superestructura y una a popa-, dotadas de seis escotillas y grúas hidráulicas y puntales de diferente capacidad de izada para las operaciones de carga y/o descarga. Sobre cubierta podía transportar 144 TEUS, varios de ellos frigoríficos. Código IMO 7428550.

En diciembre de 1995 el buque de esta historia fue vendido a la sociedad panameña Sea Enchanting Ltd., rebautizado “Mayking” y abanderado en Malta. Así transcurrirían otros cinco años navegando en tráficos “tramp”. En agosto de 2000 fue rebautizado provisionalmente con el nombre de “Goa”, con el que se hizo su último viaje hasta Alang (India), a donde arribó el 14 de noviembre del citado año y poco después se procedió a su desguace.

Fotos: Michael Marshall y Rogério Cordeiro (shipspotting.com)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Venezuela respira aliviada tras conocer la noticia de que el incendio de la refinería de Amuay ha sido sofocado. Los bomberos y los voluntarios del Centro Refinador de Paraguaná y los procedentes de otros puntos del país han conseguido apagar el fuego en los dos tanques que aún estaban ardiendo, tras la explosión que causó graves daños en las instalaciones y poblaciones próximas, con un saldo oficioso de 41 muertos. Una ola de consternación y solidaridad recorre el país y desde todo el mundo llegan mensajes de condolencia.

El presidente de la República, Hugo Chávez, después de una reunión con algunos de sus ministros y otros altos cargos civiles y militares, ha dicho que “PDVSA asume su responsabilidad, el Gobierno asume su responsabilidad” y calificó la explosión como “una bomba atómica”. Informó de que se han aprobado fondos por importe de 100 millones de bolívares para atender a los damnificados por la tragedia e instó a que se erija un monumento a los “mártires civiles y militares”.

El mandatario venezolano, usuario habitual de twitter para el envío de mensajes,  insiste en la falsedad de que en los días previos al accidente oliera a gas en la zona, contradiciendo así las versiones de vecinos que han hecho declaraciones en ese sentido en los medios de comunicación. “Es una cosa que se cae por su propio peso. No, que en el barrio olía a gas. Bueno, en el barrio no hubo ninguna explosión. Si hubiera habido gas en el barrio, bueno, Dios mío, gracias a Dios que no fue así”, dijo con su habitual tono enfático.

Parte de la refinería de Amuay permanece parada

Hay baile de cifras con los muertos y heridos. Al parecer, en el recuento último de 49 víctimas se habían duplicado nombres y la cifra que ahora circula es de 41 muertos. Pero el presidente venezolano no aportó datos concretos este tema y quien hasta el momento ha informado ha sido la gobernadora del Estado Falcón, Stella Lugo, que aportó tales números así como una treintena de heridos, aunque el total de afectados y atendidos en centros hospitalarios es mayor, de 122.

Al mismo tiempo Chávez descarga contra la oposición y dice que ha tratado de utilizar la tragedia con fines políticos ante los próximos comicios del 7 de octubre, en los que el actual mandatario aspira a la reelección. En las críticas entran también los medios de comunicación no oficialistas. “Lamentable es que, en momento de una tragedia, surja algo así como una ‘zamurera’ para tratar de pescar en ríos revueltos. Están tratando de sacarle beneficio al luto de un pueblo, eso es algo inhumano. Esta es la batalla de la mentira contra la verdad, es la batalla de la antipatria que representan elloscontra la patria que son esos trabajadores y trabajadoras de Amuay”.

El candidato de la oposición, Henrique Capriles, manifestó en una rueda de prensa que “cuando las cosas no se hacen bien, con responsabilidad (…), ahí están la consecuencias. Los venezolanos no tenemos por qué pagar las consecuencias de la ineficacia de quienes gobiernan”. Capriles exigió “precisar las causas de la explosión del sábado que tuvo una magnitud nunca vista”.

“No estamos hablando de lluvias ni de un evento natural, sino de un accidente que es consecuencia de algo (…), estamos hablando de un saldo de 48 personas que perdieron la vida, pero hay más de 90 personas lesionadas y hay todavía personas que no han podido ser identificadas y hay personas que todavía no aparecen”, según recogen varios medios informativos.

Entre las condolencias que se han recibido figura la del papa Benedicto XVI. El telegrama, en el que el Santo Padre se muestra “profundamente apenado” por la tragedia de la refinería de Amuay y “ofrece sufragios al Señor por el eterno descanso de los fallecidos”. El telegrama fue enviado al arzobispo de Cumaná y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Diego Rafael Padrón Sánchez por el Secretario de Estado vaticano, Tarsicio Bertone.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Como era previsible, sube el número de fallecidos por la explosión ocurrida en la refinería de Amuay. Hasta el momento se contabilizan 48 muertos. A medida que se remueven escombros aparecen más cadáveres y algunos de los heridos más graves no han conseguido sobrevivir, por lo que han pasado a engrosar la lista de fallecidos.

Amuay, como conocen nuestros lectores, es la refinería más importante de Venezuela y figura en el ranking de las cuatro principales a nivel mundial. La explosión se produjo alrededor de las 01.11 horas del pasado sábado (07.41 horas en España), al parecer, por una fuga de gas, cuyo origen se está investigando y ha provocado dos incendios que todavía no están extinguidos.

Algo más de medio millar de viviendas localizadas en el perímetro del Centro Refinador Paraguaná (CRP) han sido evaluadas por las autoridades. Al menos doscientas casas han quedado completamente destruidas y otras trescientas han registrado “daños menores”, según informan las autoridades. La onda expansiva y las llamas arrasaron con el Destacamento 44 de la Guardia Nacional Bolivariana provocando la muerte de 18 de sus efectivos.

Esta gigantesca columna de denso humo sale de la refinería de Amuay

Los sectores Judibana, Alí Primera -donde está la casa-museo del cantautor, que sufrió graves daños por la onda expansiva-, La Chinita, Ezequiel Zamora, El Milagro, Santa Rosalía, Antiguo Aeropuerto y Antonio José de Sucre fueron los más afectadas. El impacto de la explosión se sintió en la parroquia Punta Cardón, en el municipio Carirubana e incluso en las islas de Aruba y Curazao.

La zona afectada de la refinería sigue envuelta en llamas y desprende grandes columnas de humo negro y denso. Seguirá así hasta que se consuman los hidrocarburos que se han inflamado. Habrá que esperar. Las señales de la tragedia son muy notables. Venezuela toda, sin excepción, dentro y fuera del país, está conmocionada ante la gravedad del siniestro.

Pese a las informaciones de los altos cargos del Gobierno bolivariano, en el sentido de que la refinería estará plenamente operativa en breve, les ha salido un contestario incómodo. Ivan Freites, presidente del sindicato del Centro de Refinación Paraguaná, que incluye Amuay y la refinería de Punta Cardón, afirma que “quien dice que la refinería reiniciará en dos días desconoce los procesos. Una refinería no es una cafetera”.

El ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, que también preside PDVSA, en declaraciones a la cadena estatal Venezolana de Televisión (VTV), afirma que “estimamos que esta situación se solvente en las próximas horas, disminuya mucho el incendio, por lo menos en uno de los tanques, para luego concentrarnos en el otro y dar por extinguido el incendio”.

El presidente de la República, Hugo Chávez, viajó ayer a la zona del desastre y en su intervención en un acto de condecoraciones postmórtem a los guardias nacionales muertos en la explosión, calificó de “irresponsables” a los medios y políticos opositores que aseguraron que la explosión fue por falta de mantenimiento. Diversos medios venezolanos han publicado declaraciones de vecinos de la zona y trabajadores de la refinería en las que aseguraban que había olor a gas en el área tres antes de la explosión.

El ministro del Petróleo refuerza las palabras del presidente de la República y afirma que “hay sectores que increíblemente andan medrando en la tragedia (…) Esa matriz que están tratando de crear de que aquí hubo una especie de indolencia frente a una fuga de gas que tenía días es una infamia que ha estado siendo divulgada por dirigentes de la oposición”. Dice Freites, líder del sindicato del Centro de Refinación Paraguaná, que “está claro que se pretende confundir a la opinión pública. Los gerentes están actuando como operadores políticos, declaran para conservar sus puestos”.

Sin embargo, aparece en escena el arzobispo de la ciudad de Coro, Roberto Lückert, que ha dicho que el número de muertos y heridos por la explosión en la refinería de Amuay es mucho mayor a lo que ha anunciado el Gobierno de Hugo Chávez y critica que donde se encuentra la refinería, “se vive actualmente una crítica escasez de medicamentos y personal para atender a las víctimas”.

“La industria petrolera –ha dicho la relevante autoridad eclesiástica venezolana. poseía un organismo encargado de preparar a los trabajadores antes de ingresar a las plantas. Eso lo desaparecieron. Ahora se visten con camisas rojas y trabajan sin tener la experiencia y condiciones necesarias”, dijo en declaraciones a medios locales y agentes internacionales.

El arzobispo ha expresado su preocupación por la escasez de medicamentos y personal en los hospitales del Estado Falcón y ha denunciado que el Gobierno no ha querido aceptar la colaboración de la Iglesia Católica para ayudar a las víctimas. “El Gobierno no acepta todavía las ayudas. Intentamos hablar en vano con el ministro Rafael Ramírez y el vicepresidente Elías Jaua”, manifestó.

Más allá del debate y la parafernalia política, y más ahora que el país está en campaña electoral, guste o no a los dirigentes chavistas fuentes internacionales afirman que el accidente de la refinería de Amuay cuestiona de nuevo los frecuentes fallos que se han producido en los últimos años en las refinerías venezolanas, lo que ha afectado a su producción y su capacidad para cumplir con sus objetivos.

La refinería de Amuay produce 645.000 barriles diarios. Fue montada por la compañía Creole Petroleum Co. e inaugurada en 1950, con una producción de 60.000 barriles diarios. En 1974 alcanzaba 670.000 barriles diarios. Es la segunda refinería instalada en la península de Paraguaná, después de la de Punta Cardón, montada en 1949 por Royal Dutch Shell con una producción inicial de 30.000 barriles diarios, que son 305.000 barriles en la actualidad.

Foto: Reuters

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Del recuento de 26 fallecidos por la explosión la madrugada del sábado en la refinería de Amuay, 17 eran miembros de la Guardia Nacional Bolivariana pertenecientes al destacamento N 44, encargados de la vigilancia de las instalaciones, precisan medios informativos venezolanos que citan declaraciones del vicepresidente Elías Jaua. Por orden del presidente de la República, Hugo Chávez, se han decretado tres días de duelo nacional.

De este hecho se informó a través de una cuenta en twitter, por lo que las redes sociales están alcanzando un relevante protagonismo en la información de este grave accidente, que sacude la conciencia nacional. Desde diversos lugares del mundo están llegando mensajes de condolencia ante la tragedia que se vive en Venezuela, la más grave en mucho tiempo en la historia contemporánea del país.

Por lo que se ha informado, la explosión en la refinería de Amuay se produjo en la zona de almacenamiento donde se encuentra el patio de tanques, debido, según informaciones oficiales, a una fuga de gas en el área de oleofinas. Al parecer, ésta generó una nube de la que no se consiguió su dispersión y provocó la detonación. La onda expansiva afectó de lleno al destacamento N 44 de la Guardia Nacional Bolivariana, incluyendo instalaciones residenciales y viviendas próximas.

El impacto de las imágenes en la noche es impresionante

La ministra para la Salud, Eugenia Sader, declaró a media mañana de ayer que al menos 86 personas habían ingresado en el hospital “Rafael Calles Sierra”, en la ciudad de Punto Fijo, con heridas de diversa consideración motivadas por la explosión. De este grupo, 77 ya han sido dadas de alta por presentar lesiones leves, mientras que dos personas fueron trasladadas a la unidad de quemados del hospital “Nuestra Señora de Coromoto”, en la ciudad de Maracaibo.

La explosión en la refinería de Amuay es uno de los mayores accidentes registrados en la industria petrolera venezolana de los últimos años. Doce horas después de la tragedia se siguen apreciando grandes columnas de humo y llamaradas de menor intensidad. El ministro de Energía y Minas, Rafael Ramírez, asimismo presidente de PDVSA, afirma que el incendio está controlado y que espera el regreso de la normalidad en el plazo de dos días.

La explosión ha provocado el incendio de nueve tanques de almacenamiento de crudo y derivados petrolíferos. Dada la gravedad del accidente, varios ministros del Gobierno se han desplazado hasta el lugar del accidente, que el vicepresidente de la República califica de “grave”. Los medios venezolanos siguen la evolución de los acontecimientos con extrema puntualidad, como no podría ser de otro modo.

Este es el aspecto de las nubes de humo al amanecer en Punto Fijo

La refinería de Amuay, con una capacidad de 645.000 barriles diarios, y la refinería de Punta Cardón forman parte del Centro Refinador de Paraguaná (CRP), uno de los más grandes del mundo con capacidad de casi un millón de barriles diarios. La especulación está servida. Se dice que la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) ha sufrido numerosos problemas operativos en los últimos años que han perjudicado su producción y capacidad para cumplir con sus ambiciosas metas de expansión.

El canal oficial Venezolana de Televisión (VTV) recoge la consternación del Gobierno nacional en declaraciones del presidente de la República, Hugo Chávez y “lamenta profundamente la pérdida de vidas humanas a causa de la explosión ocurrida en la madrugada de hoy en la refinería de  Amuay. Desde lo más hondo de nuestro sentir patrio, vaya la expresión de nuestro pesar a los familiares de las víctimas junto  con un abrazo pleno de solidaridad. Igualmente, y asumiendo con  plena responsabilidad el fatídico hecho, hemos movilizado toda la  ayuda necesaria para el cuidado y atención de quienes resultaron  heridos o han sido afectados por este inesperado evento”.

Fotos: usuarios de twitter

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En nuestro recorrido por la historia de la flota de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación, en la crónica anterior nos habíamos referido al buque “Falcón” y hoy lo hacemos en referencia al buque “Trujillo”, que pertenecía a un grupo de cuatro barcos gemelos contratados a mediados de la década de los años setenta por la citada CAVN, inmersa entonces en un plan de renovación de flota.

Eran unidades “multipurpose” preparadas para los tráficos de exportación a los que iban destinados y fueron construidos muy lejos de Venezuela, en un país, Finlandia, con acreditada competencia en la construcción naval, entre otros aspectos industriales. Los cuatro buques de la serie recibieron los nombres de “Aragua”, “Trujillo”, “Táchira” y “Falcón”.

El buque “Trujillo”, visto en toda su eslora por la banda de babor

El Estado Trujillo, al que rendía homenaje, es uno de los 23 estados federales de Venezuela. Está situado al oeste del país, en la región andina, dividido en 20 municipios y 93 parroquias y su capital es la ciudad de Trujillo. Se trata de una región montañosa, atravesada de suroeste a noroeste por la cordillera de los Andes, dividida en tres ramales y separados por los valles del Motatán y del Boconó. La altura máxima es la Teta de Niquitao (4.006 m).

Es el más pequeño de los estados andinos y limita al norte con los estados Zulia y Lara; al sir, con los estados Mérida y Barinas; al este, con el estado Portuguesa y al oeste limita y tiene costa en el lago de Maracaibo, aunque es cenagosa. Destacan las llanuras de las Sabanas de Monay y los llanos de El Cenizo. En términos de población, aunque es la menor de los estados andinos, sin embargo su densidad supera a la del Estado Mérida.

Zarpando de puerto italiano, país al que visitó en muchas ocasiones

El buque “Trujillo” era la construcción número 54 de los astilleros Oy Navire, en Naantali (Finlandia). Botado el 6 de diciembre de 1976, entró en servicio en 1977 y fue inscrito en la matrícula naval de La Guaira. Fue el segundo buque de la Marina Mercante venezolana en ostentar el nombre del citado Estado. El anterior navegó entre 1950 y 1962 y había sido construido en Canadá.

De 10.308 toneladas brutas, 6.159 toneladas netas y 14.814 toneladas de peso muerto, siendo sus principales dimensiones 159,26 m de eslora total -145 m entre perpendiculares-, 22 m de manga, 9,25 m de puntal y 9,83 m de calado máximo. Propulsado por un motor Sulzer 6RND76 –fabricado, bajo licencia, por la firma Wärtsila en sus talleres de Helsinki-, de 12.000 caballos de potencia sobre un eje y una velocidad de 16,5 nudos.

Formaba parte de una serie de cuatro buques construidos en Finlandia

Era un barco elegante y de líneas marineras bien proporcionadas. Disponía de una gran capacidad de carga en cuatro bodegas –tres a proa de la superestructura y una a popa-, dotadas de siete escotillas y grúas hidráulicas y puntales para las operaciones de carga y/o descarga. Sobre cubierta y en bodega podía transportar 140 TEUS y podía alojar a diez pasajeros en cinco camarotes dobles. Código IMO 7504677.

En 1993 el buque de esta historia fue vendido a la sociedad panameña Cathship S.A. y rebautizado “Catherine Helen”. Así transcurrirían otros seis años navegando en tráficos “tramp” por todo el mundo. En enero de 2000 fue vendido para desguace y desguazado en Alang (India).

Fotos: Ventuari, Rosenkranz (rosenkranz-shipphotos.de) y Gianpaolo (shipspotting.com)

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Desde Venezuela nos llega la noticia triste del fallecimiento de Santiago González Abreu, pariente y amigo entrañable, ocurrida el pasado 5 de marzo, unos días antes de la fecha prevista para viajar de nuevo a su querida Tierra del Trigo. Una enfermedad rápida y cruel acabó con su buen quehacer como persona y su talante abierto y cordial, reflejo de su forma de entender la vida.

A Santiago le conocí en octubre de 1977 en Cagua (Venezuela), ciudad de su residencia desde que llegó a Venezuela en 1958 a bordo del trasatlántico Montserrat, siendo un muchacho de 15 años, con sus padres y su hermano Ignacio, dos años mayor que él. Allí conoció años después a mi prima Emma Lorenzo Rodríguez, con quien se casó en 1967 y deja descendencia en sus tres hijos, Elvis, Elizabeth y Juan Carlos y varios nietos.

Su ausencia nos deja un gran hueco y un montón de recuerdos que, puestos a hilvanarlos, resulta tarea casi imposible. Hombre de brega activa y luchador infatigable, aún en situaciones difíciles de las que nunca desmayó, incluso cuando, hace algo más de una década, le asaltó un cáncer que superó satisfactoriamente y siguió adelante como si nada hubiera pasado.

Santiago reunía en su persona una serie de cualidades importantes: tremendamente servicial, extrovertido, generoso, amable y eminentemente familiar. Una parte de su vida en Venezuela la pasó dedicado al transporte de cargas agrícolas desde los Andes, con residencia en San Carlos (Estado Cojedes), mecánico de camiones en la Arrocera Santa Ana, propiedad del industrial fuencalentero Antonio Hernández; repartidor del café La Hacienda, luego en un pequeño abasto y en un supermercado en Cagua que anteriormente había regentado su hermano, y en los últimos años al frente de la empresa Comazúcar C.A., en Maracay, una sociedad que en sus primeros tiempos compartió con su socio Gustavo Hernández. Hacía tiempo que Santiago había dejado el control de la misma en manos de sus hijos, igualmente comprometidos, serios y tan respetuosos con el trabajo como sus padres.

Santiago González Abreu, en su última estancia en Tenerife

Santiago amaba profundamente a Venezuela y a veces lo hacía con la vehemencia innata de quien supo encontrar en el país su porvenir y el de su familia. Y, al mismo tiempo, sentía en lo más hondo a su tierra natal, Tierra del Trigo, paraje rural de encantadora belleza de Los Silos, donde está la casa de sus padres y donde su alma anida para siempre.

Hace unos cuantos años, cuando su hermano Ignacio había regresado a Tenerife, Santiago y Emma compraron un piso en Icod de los Vinos, el sitio más cercano a su querida Tierra del Trigo, a su entorno familiar que le hacía sentirse henchido de generosa humanidad y constituía un reclamo para viajar con frecuencia y reencontrarse con su familia y sus amigos de siempre.

Su inmenso amor por Tierra del Trigo estaba igualmente compartido con Fuencaliente de La Palma, el pueblo natal de su esposa, donde deja también una huella imborrable por su buen y bien hacer. Desde su casa de Las Indias, a mitad de la pendiente, disfrutó muchos atardeceres de simpar belleza en las cálidas tardes veraniegas. Tierra del Trigo y Fuencaliente de La Palma, dos espacios únicos y un mismo tiempo para el reencuentro siempre anhelado y emotivo.

En mis muchos viajes a Venezuela, la casa de Santiago y Emma en Cagua, y la de Nereo y Susa en Maracay, fueron siempre mi hogar más acogedor. Al desgranar el rosario de los recuerdos, y con la emoción de su partida y también la satisfacción inmensa de haberle conocido y compartido con él y los suyos tantos y tan gratos momentos, aquí y allá, se me hace un nudo en la garganta aceptar el cumplimiento inexorable del ciclo vital, y me queda para siempre la memoria fértil de su sonrisa, su cariño, su afecto, su amor incondicional por Tierra del Trigo, a la que amó sin límites; por Fuencaliente de La Palma y por Venezuela, su generosidad y sus manos anchurosamente humanas, reflejo de su gran corazón.

Foto: Juan Carlos Díaz Lorenzo